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The Red Door

A veces, la vida

mes

octubre 2015

OH HAPPY TEARS!

«-Y, ¿qué es lo que pasó? –Lo que siempre pasa: la vida», 500 días juntos.
«-Y, ¿qué es lo que pasó? –Lo que siempre pasa: la vida», 500 días juntos.

Entre los ingenieros y el mundo de la aeronáutica se habla con frecuencia de un término que se remonta a la historia militar de la primera Guerra Mundial, cuando entrenaban a las tripulaciones aéreas en conflictos como Vietnam o Corea. Instintivamente, nuestras decisiones van siempre orientadas a maximizar las posibilidades de supervivencia, y si uno quería sobrevivir a un ataque aéreo (dogfight), nada como observar los movimientos del adversario, anticiparse y actuar. No se trata sólo de ser más rápido que el contrario, sino de tomar la mejor decisión.

El 1 de junio de 1999, el vuelo 1420 de American Airlines entre Dallas y Arkansas se estrelló e incendió nada más aterrizar en Little Rock. Murieron 11 personas, entre ellas el capitán. Era época de tormentas y la investigación final concluyó que los pilotos cometieron errores críticos que fueron la causa del accidente.

Eso es la conciencia situacional: nuestra capacidad para tener el control, dominar la situación y tomar decisiones ante situaciones críticas, de riesgo o decisivas.

Tampoco hace falta estar en guerra con Corea para enfrentarnos a situaciones diarias de estrés emocional o crisis. Las frustraciones se suman en Seguir leyendo “OH HAPPY TEARS!”

ARMARIOS QUE ATAN

«Al llegar a casa, quemaré toda la ropa que llevo hoy, está empapada de cansancioy de tristeza, es irrecuperable», También esto pasará.
«Al llegar a casa, quemaré toda la ropa que llevo hoy, está empapada de cansancio y de tristeza, es irrecuperable», También esto pasará

Se dice que los viajeros y exploradores de nuevos territorios fueron los primeros en hablar de los adornos del cuerpo y cómo los estilos que iban encontrando alrededor del mundo tenían mucho que ver con la antropología del ser humano. Los 60 fueron la revolución, los 70 la libertad hippie, los 90 la individualidad por encima de cualquier prejuicio y los 2000 la década de las tribus urbanas. La ropa (o la moda) ya no es sólo sinónimo de protección, pudor y utilidad, sino de autoestima, atrevimiento e interacción social, el mensaje no verbal que comunicamos con lo que nos ponemos encima. También de cierta esclavitud. Más allá de un concepto superficial y hueco, nos diferencia del resto, transmite nuestra identidad (personal y social) y es nuestra seña, lo que queremos contarle al mundo de nosotros.

Quedarse de pie frente al armario, los brazos en jarras, la mirada perdida de un lado a otro mientras nos mordemos el labio y vemos los minutos volar, es un rito Seguir leyendo “ARMARIOS QUE ATAN”

CADA 7 AÑOS

Tenemos miedo a las mudanzas, al cambio de armario y hasta al cambio de estaciones. Miedo a cortarnos el pelo y miedo a las semanas sin puente. Miedo a los pasos importantes, y a los que no lo son tanto, a empezar a lucir piernas lechosas cuando aún no toca (o sí) y a abrirnos en canal. Miedo a que mañana tengamos que improvisar ese plan que hasta ahora mismito parecía tan definitivo. Miramos debajo de la cama una y mil veces, echamos el pestillo vigilando nuestras espaldas y, como si de una yincana se tratase, enlazamos un interruptor con otro no vaya a ser… Rastreamos en las camas de hotel. Huimos de las casas donde las vigas respiran y las puertas bailan. Heredamos manías y protecciones. Sentimos la adrenalina de ser vulnerables. El poder infinito de imaginar demasiado. Somos el Principito con miedo a los baobabs. Y nos dicen que los cambios son buenos, cuando a veces lo que quieren decirnos es que ese algo que no debía ocurrir ha ocurrido.

Cambios que elegimos, aunque cueste y mucho.

Cambios que llegan como una bofetada de realidad.

Cambios que, en cambio, esperamos con toda la ilusión del mundo.

Y otros que nos zarandean tanto que cuesta volver a encontrar el norte. Aunque luego traigan más alegrías que nada.

Cambios de ciclo que espabilan y pican.

Cambios necesarios que nos convierten en lo que somos, madurando, eligiendo, sabiendo que lo mejor está aún por llegar. Seguir leyendo “CADA 7 AÑOS”

LAS FACTURAS Y TU VOCACIÓN

«Odio el tenis, lo detesto con una oscura y secreta pasión, y sin embargo sigo jugando porque no tengo alternativa. Y ese abismo, esa contradicción entre lo que quiero hacer y lo que de hecho hago, es la esencia de mi vida», Andre Agassi, Open.
«Odio el tenis, lo detesto con una oscura y secreta pasión, y sin embargo sigo jugando porque no tengo alternativa. Y ese abismo, esa contradicción entre lo que quiero hacer y lo que de hecho hago, es la esencia de mi vida», Andre Agassi, Open.

Después de un día de locos, infinidad de cosas aún pendientes, la cabeza a punto de explotar y la playa lejos, muy lejos, a ver quién se atreve a hablarnos de coaching, de que la vocación no es una utopía o del clásico “pero tú dedícate a lo que te haga feliz”.

Las he reformulado con el tiempo tantas veces que ya no recuerdo si eran exactamente así, pero hay 2 preguntas clave que más o menos venían a decir algo como esto:

-¿A qué te dedicarías si no te pagaran por ello?
-¿Dónde quieres estar dentro de 10 años? Piensa qué 3 cosas tienes que hacer para conseguirlo y ponte a ello.

Desde el colegio nos explican que dos más dos son cuatro, que el Big Bang fue el comienzo de todo, que los lados de un triángulo equilátero son iguales y que las carreras de ciencias son las que tienen salidas. Que el que vale, vale, y el que no, ¡a letras!

Lo que jamás nos enseñan (a mí, al menos) es que a veces Seguir leyendo “LAS FACTURAS Y TU VOCACIÓN”

LA EME CON LA A… “MAMIHLAPINATAPAI”

«Lo más importante de todo –dijo, con el otro brazo estirado hacia el horizonte de la ciudad, frente a nosotras– es la composición, lo que tus ojos deciden fotografiar. Lo que optas por incluir, lo que queda fuera», de Ruthie a su nieta Ellen. Tiempo de arándanos.
«Lo más importante de todo –dijo, con el otro brazo estirado hacia el horizonte de la ciudad, frente a nosotras– es la composición, lo que tus ojos deciden fotografiar. Lo que optas por incluir, lo que queda fuera», de Ruthie a su nieta Ellen. Tiempo de arándanos.

Leí que los fotógrafos capturan instantes para que no se escapen; como quien caza mariposas. Momentos tan únicos, fugaces y especiales que, de no ser por esa foto, irían a parar en cuestión de milisegundos al vertedero del pasado, a un tiempo ya en blanco y negro que sólo algunos privilegiados podrían recordar, cada uno a su manera. Con la cámara tenemos el poder de enfocar, desenfocar, abrir más el objetivo y encuadrar esto o aquello; condensamos instantes a cámara lenta y, como por arte de amiga, se vuelven inmortales en vez de efímeros.

Con las palabras ocurre justo el efecto contrario: a veces no son suficiente. No dicen. No llegan. Se quedan huecas de una boca a otra, de un oído al otro. A veces incluso se pierden por el camino, se cambian de acera o se vuelven más feroces que las propias balas. Otras, no salen y de repente te ves a ti mismo sin saber conjugar la eme con la a, buscando en el diccionario por la inicial incorrecta o explicándole a un guiri (si es que hay alguno que todavía no lo sepa) que hay placeres españoles intraducibles, como la merienda, el tinto de verano o la sobremesa.

Ayer, 30 de septiembre, fue el día del traductor y el intérprete (¡felicidades!) y qué mejor día para acordarme de algunas de mis palabras intraducibles favoritas, propias de cada Seguir leyendo “LA EME CON LA A… “MAMIHLAPINATAPAI””

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