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The Red Door

A veces, la vida

mes

diciembre 2015

LO MEJOR

Es una ley no escrita que en esta época los telediarios, redes sociales, titulares y blogs se llenan de recopilatorios de las noticias del año, de listas del 1 al 10, de más propósitos y recuerdos… y de las mil y una tradiciones que tenemos para decir adiós al 2015 y hola al 2016. Que si lanzar cubos de agua, limpiar la casa de arriba a abajo, romper la vajilla o besar… Y a mí hoy sólo me apetecía parar, mirar las luces de aquí al lado, hacer balance, oler a eso que sólo se respira en estos días y dar gracias por el año que a puntito está de difuminarse y pasar a ser en blanco y negro para dar paso a lo nuevo.

Del 15 se ha cantado que era la niña bonita y la edad de mi amor, ese que baila el rock y tiene una mirada que no se puede aguantar. La suerte en el juego. El pleno total. El quinto número triangular, después del 10 pero antes del 21. Y 15 eran también las monedas del poema de Borges.
El mío, mi 2015, empezó atípico y casi lo repito hoy, también cerca del mar: en la playa, en manga corta y embobada con los fuegos artificiales rodeada de mi familia. Fue una gozada y me cargó unas pilas que estaban ya en las últimas; desde ese mismo día he ido cumpliendo más propósitos, retos y alegrías de los que imaginé… Un año de buscar y encontrar mucho, un año de bailes, gente bonita y esfuerzos. Un año de principios. Seguir leyendo “LO MEJOR”

IDEAS CHOCOLATE, PERSONAS CHOCOLATE

Todos hablan desde hace días de las cuentas atrás, de los mil y un propósitos, 11 miradas atrás mientras se saborea, se vive y se baila diciembre. Hablan de las infinitas cosas que trae el último y de lo inesperado que se cuela casi sin permiso… como los 12 nuevos.
De diciembre se escribe mucho y se dice más. Es un mes piña, un mes de esos para rodearse de gente que sólo suma.
Gente, planes, momentos e ideas que sólo suman.
Llenarse de lo bueno.
Sólo ganas.
Coger energía.
Compartir lo mejor.
Cerrar bien la puerta para volver a abrirla una vez más… una vez menos.

A veces hay cosas que a simple vista no se ven. No van disfrazadas ni están escondidas, pero  no siempre están donde esperamos que estén. No es una ciencia exacta, ni las piezas de un puzle perfecto que ha de encajar caiga quien caiga. Es como esas veces en las que el cerebro necesita hacer click, meter el código correcto y dejar que se desbloquee para que entre lo que antes rechazábamos. Lo que éramos incapaces de ver.
Y eso mismo ocurre con las “ideas chocolate”. Seguir leyendo “IDEAS CHOCOLATE, PERSONAS CHOCOLATE”

LA LETRA MÁS CALLEJERA

Hace poco, alguien a quien no conocía me preguntó de dónde venía mi particular duelo contra las frases bonitas de propaganda barata. Si me habían hecho algo o se habían metido conmigo. «Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad», le gustaba decir a Joseph Goebbels, el ministro alemán de propaganda nazi. Y es que hay frases repetidas hasta la saciedad, eslóganes enmarcados entre flores, y tópicos contra los lunes y las dietas que pareciera que se quedan sólo en eso sin ir más allá.

Así que lo reconozco, a veces yo también me pongo un poco nazi, y otras mil más no me aplico el cuento de lo que tanto predico. ¡Culpable! Pero es que además se activa en mí una alerta roja nivel 5 cuando, en el peor momento posible, oigo los clásicos “bueno, no pasa nada” o “de esto no te vas a morir”. Sí, sí pasa, y no, seguramente no nos muramos de esto pero, ¿y mis 5 minutos de respirar y maldecirlo todo? Una cosa es aprender a gestionar las emociones y otra que te den palmaditas en la espalda. ¡Pido tregua antes de coger perspectiva y seguir adelante! Es verdad que la vida sube el volumen si somos reincidentes y nos dejamos matar mil veces por la misma bala, pero también es verdad eso de que cuando la vida se pone muy patas arriba y nadie sabe qué decir, cómo consolar, a veces basta con lo más tonto. Seguir leyendo “LA LETRA MÁS CALLEJERA”

MI IMPAR FAVORITO

Acabo de darme cuenta de que siempre me han preguntado lo mismo con distintos disfraces. Desde que era pequeña y cuando conocía a alguien. Si vivía en otra ciudad o si cenaba con desconocidos. Algunos, de hecho, siguen preguntándome e intentándolo de vez en cuando, una y otra vez, a ver si, al contestar, todos ellos consiguieran definirme. Entenderme. Saber si soy más de café o de té, más de tinto o de blanco, más de años pares o impares.

Lo que es un secreto a voces es que soy de esas que odian las etiquetas. De esas que huyen de las frases hechas, de la propaganda bonita y… de los favoritos. Acumulo cafeína a grandes dosis pero a veces nada me apetece más que un té; vacío botellas de vino en la mejor compañía, pero otras, mi reino por una caña; que jamás pude elegir peli favorita, libro favorito o comida favorita. Nunca los he tenido. No me pidas que te chive mi color. Sé que todos tienen uno pero qué le vamos a hacer… Que el verano equilibra al frío invierno y la Navidad a la playa. Que de cada ciudad me llevo un trocito y de cada estación, un regalo.

Todos son candidatos y a la vez todos son los elegidos.
Cada uno tiene sus motivos.
¿Tramposa? Quizá. Por eso me doy el capricho de tener un número favorito, mi impar favorito. Lo busco en los portales y en las habitaciones de hotel, en el calendario Seguir leyendo “MI IMPAR FAVORITO”

4 MINUTOS O 10 AÑOS

«Espero que estés bien, te escribo sólo para preguntarte si te has casado y si alguna vez todavía piensas en mí. Sería estupendo saber de ti, por favor ponte en contacto si puedes». Esta carta con acento spanglish llegó a Granada en 1998, 6 años después de que Steve y Carmen se conocieran en Devon, al sur de Inglaterra. Después de un año juntos, ella acabó de estudiar y se fue a París a trabajar. No había teléfonos móviles ni emails, y la madre de Carmen recogió la carta del buzón y la dejó sobre la repisa de la chimenea, desde donde se coló por atrás. No apareció hasta otros 10 años después, cuando hicieron obras en la casa, y tras mil dudas e intentos, Carmen descolgó el teléfono. Se reencontraron en el aeropuerto de París. Como si el tiempo no hubiese pasado 17 años después. En el verano de 2009 Carmen y Steve se casaron en Brixham (Devon).

Antes los barcos transportaban muchas cartas. No me refiero sólo a cartas (cursis) de amor, sino al correo en general. Las cartas iban  y venían de un océano a otro, sin sobre, sólo dobladas y con un lacre; semanas de ida y otras tantas de vuelta según el destino. Seguir leyendo “4 MINUTOS O 10 AÑOS”

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