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The Red Door

A veces, la vida

mes

marzo 2016

ZERO

A veces no sé si evolucionamos o involucionamos. Unos días lo que se lleva es abanderar todas las causas hasta incluso pervertirlas de su sentido real. Otros, llamamos hippies a esos que reciclan y que insisten en que con el planeta no se juega. Las etiquetas nunca fueron fáciles ni bonitas.

Empezamos cada lunes prometiéndonos todo y más: que ordenaremos ese cajón imposible, ese armario sin fondo, esos papeles amontonados, esa nevera llena de fechas ya caducadas. Que reciclaremos y pondremos más cubos aunque vivamos en la casa de pinypon. De mañana no pasa. Pero después de sobrevivir a esa semana que parecen mil lunes seguidos lo que el cuerpo nos pide es cualquier cosa menos poner la vida en orden.
Acumulamos. Compramos. Almacenamos… por si acaso. Y llenamos cada hueco. Huecos de tiempo y huecos de espacio. Usamos y tiramos. Y volvemos a comprar y a tirar. Todo es instantáneo y tan, tan efímero…

Hace unos meses me contaron esta historia Seguir leyendo “ZERO”

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CREO QUE BAILARÁS

Creo que tienes que meter la pata hasta el fondo.
Creo que tienes que arrepentirte de lo que dijiste. Y de lo que no dijiste.
Creo que tienes que mezclar ropa blanca y de color en la lavadora y desteñirla entera. Y creo que tienes que ponerte esos zapatos que no eran tuyos para acabar en urgencias una fría noche de martes.

Creo que muchas cosas te darán igual y te arrepentirás al segundo. Creo que pedirás explicaciones y no las tendrás. Que tienes que quemarte y morderte la lengua para avisarte de que la próxima vez tendrás más cuidado. Pero lo volverás a hacer. Creo que tienes que cortarte el pelo más de lo que imaginaste (y pediste) y creo que tienes que llenar el armario de ropa hortera en esa edad en la que todos lo hicimos. Creo que tienes que romper un par de vajillas, olvidarte el paraguas en casa y dar el salto al vacío cuando aún no tocaba.
Creo que tienes que perderte por la carretera al menos una vez en cada viaje.
Y seguir ese consejo que ojalá no hubieras oído jamás.

Creo que tienes que escaparte Seguir leyendo “CREO QUE BAILARÁS”

COMO UN SALTO AL VACÍO

Un día de esos en los que a los que somos impacientes nos hacen esperar infinito en la consulta del médico (sólo soy puntual con ellos, será que el karma me hace de boomerang pero bien…), después de leerme todo lo que encontré y agotar como siempre ese apéndice que es mi móvil, leí lo que es el RAS.
Una cosa tan boba como que si oímos nuestro nombre desde la otra punta de una habitación llena de gente hablando somos capaces de escuchar que alguien nos llama; eso tiene nombre. El mismo que si eres jugador y oyes por encima de los gritos del estadio que tu entrenador te llama; o que si eres padre y en mitad de la noche tu bebé se pone a llorar en la habitación de al lado: el cerebro, mientras dormimos, evalúa todos los sonidos (camión de la basura, lluvia, alarma) y, según la importancia y la urgencia, es capaz de eliminar el resto y despertarnos para lo que sí lo es. ¡Maravilloso! Sería estupendo priorizar siempre así de bien.

Ese día aprendí que se llama RAS y que son unas células que, instaladas en la base del cerebro y más pequeñas que un colín, nos hacen de filtro. Lo urgente por aquí y lo no urgente por allá (dirección: el inconsciente). Son esas células las que también nos mantienen alerta, nos hacen aprender y priorizar, Seguir leyendo “COMO UN SALTO AL VACÍO”

A CONTRACORRIENTE

barco_by BBB
«Para ganar en el boxeo, hay que moverse hacia atrás. Pero si retrocedes demasiado… al final ya no estás», Million Dollar Baby.

Como toda buena historia, esta empezó una tormentosa noche de enero y fueron los 29.000 náufragos que nadaron a contracorriente en pleno océano Pacífico. Los que sobrevivieron nadaron a la deriva más de 11 años.
Los 29.000 vivían en un sucio y oscuro almacén a las afueras de Hong Kong y ese día de 1992 eran transportados en un buque de carga rumbo a Seattle (Washington). Las corrientes y el fuerte viento en un punto concreto del océano (justo ahí donde se separan los hemisferios occidental y oriental, en la línea internacional de cambio de fecha) balancearon el barco, que se averió y dejó caer cientos de palés a la deriva.

Un par de años después, un grupo se desvió hacia el este asiático y el calor de Hawái, y otros, mucho más norteños y aventureros, hacia el frío estrecho de Bering.
Dicen que algunos de ellos aparecieron muertos y congelados en el Ártico, cuando iban rumbo a Escocia y Canadá. El resto sobrevivieron en el hielo durante más de 5 años, quizá subidos a pequeños bloques de hielo (que se desplaza un kilómetro y medio cada día) para no quedar atascados y congelados entre ellos.
Otros, después de 10 meses de aventura, llegaron a Alaska: eran sólo 6 y habían recorrido más de 3.000 kilómetros. Seguir leyendo “A CONTRACORRIENTE”

LAS MUJERES DE MI VIDA

Tengo una manía inconfesable. Algunos dirán que soy un rarito, un maniático de esos que deberían ser señalados con el dedo, e incluso habrá quien quiera encerrarme bajo llave sin ver la luz del sol, condenado no sólo por mi manía patológica sino encima también por la sociedad al completo: desde que tengo uso de razón, sólo salgo con mujeres esdrújulas. Y quien dice salir, dice compartir besos y cama, en ocasiones hasta viajes y llamadas nocturnas, bailar, tontear, intercambiar teléfonos o, si la cosa se pone seria, hacer las presentaciones oficiales.

La primera fue Águeda. Creo que empecé a darle vueltas cuando todo en ella, excepto su nombre, me parecía mejorable. No disfrutaba con sus besos, pero no tenía con qué comparar; su pelo era lacio y de un tono indefinido; sus manos, grandes y torpes; y su voz me daba tal dolor de cabeza que nuestros encuentros apenas duraban un par de horas. Comía que devoraba, pero explicaba que era para suplir la falta de amor, y yo, pese a todo, sentía que quería estar con ella, dibujar su nombre en la arena, pronunciarlo entre mis amigos incluso cuando no venía a cuento y tatuarme una A en el tobillo.
Hasta que en la universidad conocí a Mónica, lánguida y aprehensiva, desencantada ya de los hombres y con un halo nostálgico flotando sobre su cabeza. Tenía un don para domar ese mechón rebelde de mi frente, pero también tenía tantos sueños que se volvió adicta a los barbitúricos. Seguir leyendo “LAS MUJERES DE MI VIDA”

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