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The Red Door

A veces, la vida

mes

junio 2016

NOS GUSTA LO BONITO

arte_Katherine Wolkoff
Katherine Wolkoff

Hace poco, entre ese barullo de frases bonitas y eslóganes simplones enmarcados entre flores sobre los lunes, el amor y la vida, leí un cartel improvisado y lleno de garabatos que decía en inglés algo así como: «Ella es puro arte, y el arte no se inventó para ser bonito, sino para hacer sentir algo».

Quizá por eso me emocione tanto esa gente capaz de decir mucho sin hablar tanto, capaz de hacer verdaderos fotones incluso sin una Nikon colgada del cuello o de crear maravillas con cualquier brocha deshilachada. Esa gente que emociona, conecta y recoge lo bonito en 2 sílabas, un acorde y una mancha descolorida. Esa gente capaz de hacer vibrar, de dar un nuevo sentido a lo que parecía feo, roto, cotidiano o llenito de polvo, gente capaz de traspasar la pantalla… y algo más.

Siempre se habla de nuestras necesidades básicas, como estar protegidos, comer, dormir o tener las necesidades afectivas cubiertas. Pero, una vez que tenemos la tripa llena, en nuestro código se esconden otras necesidades que buscan alegrarse la vista, cerrar puertas que se quedan a medias y estructurar el caos. Rodearnos de cosas bonitas que nos Seguir leyendo “NOS GUSTA LO BONITO”

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LOS INVISIBLES

refugiados_12_Dadaab_by Brendan Bannon
Dadaab (Kenia). Foto de Brendan Bannon.

Imagina que tienes sed y decides ir a la nevera a por agua, o al grifo directamente, que sale igual de fría. Mientras lo haces, te llega el olor a tortilla recién hecha desde el quinto, como cada lunes, y te acuerdas de que tienes que preparar el tupper para mañana. Suena el teléfono, te pegan un grito desde el salón porque empieza tu programa favorito, y el sofá, tu gente y tu confort de lunes (que dices que odias) te esperan. Entonces imagina que oyes disparos, tantos que sientes que ni el fin del mundo ha de sonar tan tremendo. Puedes elegir Burundi, Siria, Afganistán, Colombia, Sudán, Irak o Somalia, pero hay más. Muchísimos más.

Si te pilla fuera de casa, ves incluso el misil caer junto a los tuyos. Aviones. Mucho humo y mucha sangre. Mucho caos.
Gente que corre y grita. Los que pueden.
Cuerpos por todas partes. Un horror que no se imagina. Y luego llegan las milicias, pisando fuerte, los fusiles cargados a la espalda, los tanques aplastando lo que has construido toda una vida, los tiroteos, y entran en las casas, las destrozan, saquean tu ropa, tus muebles, tu comida, lo más íntimo, te zarandean, ponen precio a la cabeza de tu padre y se llevan a tu hermano pequeño a luchar con ellos, a matar por ellos.

Y una vez que tienes el alma rota, quizás también la pierna, y todo desaparece, te marchas de la peor pesadilla. Nunca pensaste que acabarías así, Seguir leyendo “LOS INVISIBLES”

DON’T STOP ME NOW

«There’s a place I go when I’m alone, do anything I want, be anyone I wanna be. Hold it close, won’t let this go…».

A veces hay cosas que a simple vista no se ven, o no somos capaces de ver. Por muy en mayúsculas que lleguen o mucho ruido que hagan.
A veces, hay lugares, ideas y personas chocolate que se cruzan un día de repente, sin esperarlos nada, nada, pero que dan sentido y arrasan con todo, llegando incluso a crear dependencia. Como el chocolate y el anuncio del gorila.
Esos que merecen la pena y sólo suman. Ésos.

A muchas de “mis personas chocolate” las he conocido sin ninguna duda en este lugar del que hoy por fin hablo. Lo que contaba de ellas es que llegan, te hacen ser mejor o te inspiran, y luego se van. No son amigos 24/7, no hay compromisos ni etiquetas, con la gran mayoría compartí unas horas o unos días. Pero si les volviera a ver, sería igual, igual que esa semana o que ese único momento en el que me dieron perspectiva o me cuidaron.
Otras sí se han quedado. Quizá no las vea todo lo que quisiera, pero cuando nos vemos no ha pasado tanto tiempo como me creo y somos una pequeña familia a nuestro manera. Sólo nuestra. De algunos me acuerdo y de otros… tengo otro tipo de recuerdo. Muchos vivían muy, muy lejos y a otros les pongo cara pero ya no nombre; y, muchos otros, la gran mayoría, medían menos de metro y medio y me miraban desde abajo.

Podría empezar diciendo que este lugar es de mis favoritos porque no conozco nada que se le parezca. Seguir leyendo “DON’T STOP ME NOW”

LO CONTRARIO DE LA SOLEDAD

«Se hace difícil ver a los muertos, en lo alto de sus pedestales póstumos. El dolor, la deferencia y los efectos homogeneizadores de la adulación empañan los detalles, allanan los bultos y liman los bordes ásperos. Cuando alguien muere joven, buena parte de la tragedia recae sobre su porvenir. ¿Qué habría hecho? Nunca había visto a tanta gente llorar como en el funeral de Marina. Y no sólo llorar: estremecerse con tanta fuerza que temí que se les fueran a partir las costillas».

Desde hace unos años, intentaba explicar por escrito esa misma sensación, pero era incapaz. Ni siquiera con la perspectiva que dan los años. Cuando alguien muere joven, cuando alguien se va y sentimos que no toca, cuando nos pilla más desprevenidos que nunca, el dolor es así de grande. Y el pedestal póstumo también.

Lo encontré gracias a Anne Fadiman, profesora de Yale y periodista, en mi libro amarillo favorito. Dice que Marina habría triunfado seguro, que era «amable, brillante e idealista pero también feroz, osada y provocativa. Espero no olvidarlo. No andaba escasa de inconformismo: era un halo de furiosa energía y no sólo tenía talento, también determinación». Marina Keegan Seguir leyendo “LO CONTRARIO DE LA SOLEDAD”

NOSOTROS, LOS DE ENTONCES

No te lo vas a creer, Emma. El día que te fuiste de casa, por la mañana, abrieron el bar que llevábamos meses esperando que abrieran. Parece que lo hicieron adrede, oye, me sentó fatal. Bueno, en realidad me pareció cosa del destino, ya ves tú, como esas puertas que se abren y cierran, pues lo mismo.

No recuerdo mucho más.
Recuerdo que llovía a cántaros, como si fuera el fin del mundo y el mar se vaciara. O sea, llovía a mares más bien. ¿Te acuerdas cuando te reías de mi capucha de Pescanova y dabas saltitos hasta quitármela? Recuerdo también que esa mañana, la que te fuiste, te mandé a todas partes. Le conté a la portera que tenías un congreso, y al indiscreto viudo del tercero que estabas visitando a tus padres en la costa. Llamó mi hermano a cada hora, y todas las veces le conté que éramos muy felices, que no podía sentirme más afortunado y que habías llenado esta casa de sentido. Por fin. Luego colgaba y me daba por fumar y pensar en ti, yo que nunca fumo.

Es todo lo que recuerdo, Sofía. No sé qué llevaba puesto ni si tú llevabas algo o no, no sé si Seguir leyendo “NOSOTROS, LOS DE ENTONCES”

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