«There’s a place I go when I’m alone, do anything I want, be anyone I wanna be. Hold it close, won’t let this go…».

A veces hay cosas que a simple vista no se ven, o no somos capaces de ver. Por muy en mayúsculas que lleguen o mucho ruido que hagan.
A veces, hay lugares, ideas y personas chocolate que se cruzan un día de repente, sin esperarlos nada, nada, pero que dan sentido y arrasan con todo, llegando incluso a crear dependencia. Como el chocolate y el anuncio del gorila.
Esos que merecen la pena y sólo suman. Ésos.

A muchas de “mis personas chocolate” las he conocido sin ninguna duda en este lugar del que hoy por fin hablo. Lo que contaba de ellas es que llegan, te hacen ser mejor o te inspiran, y luego se van. No son amigos 24/7, no hay compromisos ni etiquetas, con la gran mayoría compartí unas horas o unos días. Pero si les volviera a ver, sería igual, igual que esa semana o que ese único momento en el que me dieron perspectiva o me cuidaron.
Otras sí se han quedado. Quizá no las vea todo lo que quisiera, pero cuando nos vemos no ha pasado tanto tiempo como me creo y somos una pequeña familia a nuestro manera. Sólo nuestra. De algunos me acuerdo y de otros… tengo otro tipo de recuerdo. Muchos vivían muy, muy lejos y a otros les pongo cara pero ya no nombre; y, muchos otros, la gran mayoría, medían menos de metro y medio y me miraban desde abajo.

Podría empezar diciendo que este lugar es de mis favoritos porque no conozco nada que se le parezca. O que dio nombre a este blog. Podría contar que lo conocí por una de esas casualidades que no ves venir, que no te esperas, y que cada año creo que vuelvo con los mismos nervios de hace 5 veranos.
Podría hablar de lo muchísimo que me enseña o de cómo me cambia siempre.
De que parece una burbuja.
O saca mi mejor versión. La mejor Blanca.

Barretstown
«It’s not that children say “Thanks for a wonderful time”; it’s that they say, “Thank you for changing my life”», Paul Newman.

Podría contar que Barretstown es un campamento para niños enfermos de cáncer (y otras enfermedades), que se reparten en varias sesiones de una semana cada una. Son todos muy especiales y algunos esperan varios años hasta que su médico les da vía libre. Que lo fundó Paul Newman y que hay un castillo con una puerta roja que inspiró a Elizabeth Arden. Que está en Irlanda, en medio de nada, y que todo el año recibe a casi 3.000 niños (y algunas familias) de todas partes – muchísimos de ellos gracias a la Fundación Aladina, que son geniales, como lo son Manolo y María, entregados 100%.
Que lo cura todo. Y más.
Que las enfermeras y médicos no pueden ser más especiales, que la comida no puede engordar más ni estar más rica, que funcionan mejor que ninguna multinacional y que a todos les mueve el mejor objetivo.
Que los full staff son de otro planeta y sin ellos no me imagino nada.

No sé cuánta gente especial cabe en una historia. Creativos y locos, sin vergüenza ninguna y más payasos que nada, generosos y valientes (pero generosos de verdad y valientes de verdad). Desconocidos que se convierten más que nunca en grandes amigos y noches en vela que no cansan nada. Una semana que parecen diez.
Podría contar que pase lo que pase me sigo sorprendiendo de lo geniales, capaces y reflexivos que son los niños. Cómo se cuidan entre ellos, cómo hablan, cómo nos dan mil vueltas. Que, como dicen ellos, si pudiera abriría una puerta ahora mismito a todos ellos…

Podría contar que los niños con prótesis montan a caballo mejor que ninguno de nosotros. Que me ganan en la piragua, apuntan de verdad con el arco y escalan mucho más alto que yo. Que es increíble cómo las sillas de ruedas, las muletas, la quimio y los trasplantes dejan de importar porque descubren que no hay límites, que pueden disfrutar y que son capaces de lo que no imaginaron. O que los padres no se lo creen cuando llegamos al aeropuerto de vuelta y recogen a unos niños tan… distintos en tan poquitos días.
Y es que, cada vez que voy, me cargan las pilas, me dan perspectiva y me hacen muy, muy feliz.

Barretstown_4
«So I’ll go, but we know I’ll see you down the line. And we’ll hate what we’ve lost but we’ll love what we find. And oh, I’m feeling fine, we’ve made it to the coastline…», Featherstone – The Paper Kites.

Nunca me acuerdo tanto de lo muchísimo que lo echo de menos y de lo mágico que es hasta que vuelvo.

Echaba de menos este olor de las cabañas, el comedor lleno de gritos en varios idiomas y coreografías que sabemos con los ojos cerrados mientras tratamos de engullir algo. Todo me recuerda a mucha gente. Echaba de menos que cualquiera te sonría, te regale un café y te deje notitas cursis en la caja. El billar nocturno y las guitarras. Hablar con las familias, ver a los de siempre, reencontrarse. Cada día libre y cada historia por la noche. La alegría contagiosa. Comer el postre sin manos, cascar huevos en cualquier cabeza y disfrazarse de Superman porque sí.

Hay cuatro locos desperdigados con los que todo merece mucho la pena.
Hay lugares que tienen superpoderes.
Y hay revoluciones que empiezan aquí.
Y es que hoy, además, os escribo desde aquí… mi rincón favorito. Y creo que aquí me quedo.

 

P.D.: hoy, animo desde aquí a donar, a ayudar en los hospitales, a colaborar… y devolver toda nuestra suerte 🙂

P.D.2: todo lo que Mario me enseñó sin querer.

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