Buscar

The Red Door

A veces, la vida

mes

octubre 2016

YO MATARÉ MONSTRUOS POR TI

Dice el monstruo que, a veces, nuestra mente se cree las mentiras piadosas pero en el fondo, fondo conoce también las verdades que duelen y que hacen que una mentira piadosa sea muy necesaria. Y a eso mismo le daba vueltas en bucle el otro día viendo la peli (más bien al salir, cuando volvíamos a casa ya sin lluvia y “reposando” cada escena brutal y cada reflexión demasiado obvia/melodramática): ¿cuándo nos contamos mentiras y cuándo una mentira es piadosa?

Diría que (casi)nunca, excepto en contadas veces, esas veces en las que viene bien recordar la historia de las tres rejas que os contaba un día aquí«Entonces, si no estás seguro de que es verdad, ni bueno, ni necesario, sepultémoslo en el olvido». Guardarse la verdad para uno mismo si lo que vamos a contar no es absolutamente cierto, beneficioso para alguien o inexcusable. Y si no… si no, nada.
Decía también que hay mentiras y mentiras, y medias verdades que al sumarse matan más que las propias mentiras. O voces que no queremos escuchar por nada del mundo, como si así, por arte de magia, lo malo desapareciera.
Habrá a quien le merezcan la pena… y habrá quien prefiera pelear con sus propios monstruos. Seguir leyendo “YO MATARÉ MONSTRUOS POR TI”

Anuncios

EL PELIGRO DE UNA SOLA HISTORIA

Ayer me di cuenta de que hacía meses que no cogía el metro. Ayer, aplastada entre paraguas, mochilas, empujones y olores, me di cuenta. Entre historias y andenes oí a mi derecha cómo una madre le decía a su hijo: «¿Has visto qué horrible lo de Haití?», y dos asientos más allá dos mujeres se ponían de acuerdo agitando mucho la cabeza: «¡Ah, sí, pobre! Es que esa familia nunca estuvo bien, ¿sabes?».

Unos leían (o lo intentaban), otros se besaban y despedían entre coche y andén, muchos corrían al pie de las escaleras mecánicas y del pitido apresurado del maquinista, y otros contaban historias por la pantalla del móvil.

Algunas duraron una sola estación…
Amiga 1: «Le ha dejado después de diez años y una hipoteca, ¿te imaginas?».
Madre 2: «Calla, ya lo sé, por lo visto él creía que tenía gastroenteritis y hala, tres meses como mucho le han dicho».
Vecino 3: «Sí, me los crucé ayer en el ascensor, ¡él está como un ballenato!».

Las historias que oímos son las historias que contamos. Y las historias que leemos son aquellas sobre las que después escribimos… Historias del Seguir leyendo “EL PELIGRO DE UNA SOLA HISTORIA”

CUANDO NADIE ME VE

Desde que soy muy pequeña tengo el presentimiento de que algunas de las cosas que pongo por escrito (buenas y malas) acaban saliéndose de alguna forma del papel y, como criaturas mágicas, se hacen realidad.
Tan real que da miedito.
Igual es sólo una superstición boba. Puede ser. La primera vez que escribí sobre algo y pasó no le di mucha importancia, la segunda dudé, y con las siguientes cerré los ojos y crucé los dedos (aún lo hago, cierro los ojos y cruzo los dedos).

«Miramos debajo de la cama una y mil veces, echamos el pestillo vigilando nuestras espaldas y, como si de una yincana se tratase, enlazamos un interruptor con otro no vaya a ser… Rastreamos en las camas de hotel. Huimos de las casas donde las vigas respiran y las puertas bailan. Heredamos manías y protecciones. Sentimos la adrenalina de ser vulnerables. El poder infinito de imaginar demasiado». Esos miedos siempre aprendidos, esos peros siempre tan suicidas, esas costumbres nuestras que parecen capaces de salvarnos de todo y más…

Ocultamos lo bueno y lo mejor como si fuera un ritual ancestral que pudiera resguardarnos de todo y evitar las malas energías que quieren robarnos un tesoro. Parece que si Seguir leyendo “CUANDO NADIE ME VE”

ON THE ROAD: CALIFORNIA

En California, en un coche con matrícula texana (¡no podía ser de otra manera!), sólo podía sonar música country: pollo frito, mujeres y cerveza fría by Josh Turner&cía.
A todo volumen.

Mientras, las rancheras nos adelantan a golpe de más country. Mi conductora lleva GPS incorporado y es la mejor: yo sólo canto a grito pelado y flipo con los ciervos y el paisaje. Llenamos el maletero de tomates, anacardos y pistachos entre parada y parada. Llenamos el depósito y pagamos menos que por una burger.

En cada escala desde Houston, los vuelos a Honolulu nos tientan, pero Fresno nos espera. Solazo. Carretera. Verde y más verde. Cafés en mano que quitan las legañas y saben como nunca. Coger wifi como antenas parabólicas y dar señales de vida, calculando las 9 horas de más de los que se levantan cuando nos acostamos. Seguir leyendo “ON THE ROAD: CALIFORNIA”

Blog de WordPress.com.

Subir ↑