Buscar

The Red Door

A veces, la vida

mes

enero 2018

EN CASO DE DUDA

De tanto que se escribe y habla sobre ciertos temas, acaban por convertirse en lugares comunes, donde pasan de la categoría de imprescindibles a la de cargantes para acabar siendo ignorados. Como cuando nos repiten lo mismo cien veces sin cambiar a los protagonistas, el guión o los escenarios: que pasamos y por aquí me entra a la vez que me sale… aplicable a familias, jefes, parejas, telediarios e incluso columnas de periódico. Otros asuntos del día a día pasan, en cambio, desapercibidos, no por repetitivos, sino por rutinarios. Que no siempre es lo mismo. Tanto, que los damos por sentado. Porque son y están, y porque no se los espera porque nunca faltan. Por eso creo que a veces está bien recordarlos.

Salir de fiesta, la lotería y llevar la razón están sobrevalorados. Igual que los cafés de cereales con más cola que las rebajas de enero. No mires donde no toca: puedes acabar encontrando lo que no debías. Nuestras fobias y filias dicen (casi)todo de nosotros; y nuestras miradas casi siempre empiezan siendo el reflejo de nuestros complejos. Creo que uno de los mejores aprendizajes es saber afrontar las críticas, las derrotas y los tachones en rojo, que diría el guardián. Y que hablar de series, cine, arte o literatura no sólo alimenta nuestra imaginación sino que también evita hablar de otras cosas (léase discutir).

Últimamente creo Seguir leyendo “EN CASO DE DUDA”

Anuncios

PERDIDOS

Es un clásico pero como mi buena memoria en esto sí falla y no recuerdo ni la mitad de la mitad años después, entre todo esto, el frío polar y los puentes y festivos, este invierno he vuelto a ver Lost, esa serie que nos dejó con más dudas que respuestas, la que nos metió el gusanillo dentro y cambió la forma de ver televisión, y la que nos hizo elucubrar miles de teorías posibles sobre la vida y el destino durante años.

¿Qué más aprendimos de Perdidos y de su forma de hacer televisión? Aquí va mi lista top 5 cuando se cumplen trece años de su estreno:

1. Todos nos perdemos: todos tenemos una historia, un pasado y una mochila que cargar. Decía hace un tiempo (también al salir del cine) que nuestra mente, a veces, se cree las mentiras piadosas pero que en el fondo, fondo siempre conoce las verdades que duelen. Los monstruos que hay que enfrentar. Lo oscuro que hay que vomitar. Y con los años aprendemos que nada desaparece sin antes curarlo. Que los miedos de cuando fuimos niños, siempre regresan, cuando menos lo esperas. Que los secretos pesan demasiado. Que no podemos ocultarnos la verdad. Y que los demás, quienes nos rodean, conocidos y completos desconocidos, también tienen su historia, una vida tan intensa y tan compleja como la nuestra, y nuestra perspectiva se vuelve pequeñita si no le enseñamos a hacer justo lo contrario.

Seguir leyendo “PERDIDOS”

2.0.1.8.

Ahora que ya he tenido tiempo de volver al trabajo y a la vida común (siempre es más fácil hacerlo que pensarlo y morir de miedo imaginándolo), tiempo de echar mucho de menos la vida de las vacaciones, tiempo de tener una tremenda nostalgia posnavideña (sin sus luces, sus reencuentros, sus comilonas, sus risas y su vida buena) y tiempo para “establecer las bases” de mi 2018, quería compartir aquí mi manifiesto de deseos para este nuevo año (quien dice deseos dice retos, ganas y planes), para que no se me olvide lo importante, para no estar por estar y para aplicarme el cuento en primera persona sin que la vorágine me coma.

Quiero empezar y acabar bien los días y llenarlos de intención, restando puntos a lo innecesario, a lo feo, a lo que no suma, a la pereza, al miedo y a lo hueco. Lo que pasa en medio también cuenta, pero quiero empezarlos y acabarlos bien.
Quiero no olvidarme de ese lugar con chispa que siempre nos espera y que a veces nos recuerda qué nos trajo hasta aquí y dónde estamos. Porque a menudo, en el día a día, nos perdemos a nosotros mismos en esta rueda de hámster en la que nos ha tocado vivir y ponemos el piloto automático para no perder el ritmo mientras perdemos de vista la esencia. Lo que de verdad importa. Qué queremos ser y hacer.
Quiero contar historias de verdad, que contagien, que inspiren, que empujen, que llenen, que se mastiquen. Sin teclear a lo loco cada jueves ni convertirlo en un caiga quien caiga. Porque si escribo es porque Seguir leyendo “2.0.1.8.”

VOLANDO VOY

Nunca me había parado a pensar en eso de que los hospitales y los aeropuertos tienen algo en común. Y también los hospitales con las carnicerías, que diría Milena. «El suelo de gres blanco, la hilera de sillas ahora vacías en las que se sientan las señoras que esperan turno, los cuchillos como instrumentos de quirófano listos para el despiece y los tubos fluorescentes en el techo con su luz gélida y tan poco favorecedora».

Los aeropuertos son ese lugar de paso donde duermen las emociones y arraigan las multitudes. Igual que los hospitales, parecen todos iguales, y lo son. Unos y otros esconden vidas e historias que a veces se cuelan por los costados, se vuelven salvajes y desérticos si te pierdes en ellos, en su multitud, y son testigo de coincidencias. De reencuentros. De sorpresas. Los aeropuertos, los hospitales, son una cápsula de tiempo. Y la multitud, que esquiva maletas, personal, hileras de sillas y cuentas atrás, vigila las buenas historias. Y sobre todo las malas. Sonríe para después romper a llorar. Se abraza fuerte y lento. Saluda a los que se van y a los que no volverán. Porque es así. Porque cuando nos reencontramos nos abrazamos con ganas, nos balanceamos de emoción y nos besamos como si hiciese ya mucho desde la última vez. Nos miramos, nos reconocemos, nos tocamos. Seguir leyendo “VOLANDO VOY”

Blog de WordPress.com.

Subir ↑