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The Red Door

A veces, la vida

mes

junio 2018

EL ASCENSOR SOCIAL

«Y así vamos adelante, botes que reman contra la corriente, incesantemente arrastrados hacia el pasado», final del libro El gran Gatsby, 1925.

Últimamente, muchas cosas que antes no podían comprarse, se solucionan ahora con dinero. Pagando, o pagando más que el resto. Saltarse una cola en un restaurante afamado, alquilar un coche antes que los otros quince números que tienes por delante, o directamente que alguien haga la cola por ti (como decía Javier Aznar en su columna, nadie hará cola cuando hayamos muerto). Es curioso cómo evolucionamos hacia lo instantáneo, hacia la comodidad yonki, y sobre todo cómo nos polarizamos según tengamos más o menos. Eso marca la diferencia y la distancia. Tener mayordomos ya no es cosa de unos pocos burgueses: ahora (casi)todos chasqueamos los dedos para que alguna aplicación nos traiga algo de comer al sofá, nos planchen la ropa o nos hagan la cama del hotel. El lujo sencillo ya es cotidiano.

A pesar de todo eso, creo que nos toca vivir un momento complicado. No es incompatible todo lo anterior con esa sensación generalizada de que “vivimos mucho peor que nuestros padres”. Con sueldos más precarios, peores condiciones y exigencias por las nubes. Que no podremos comprar una casa (o dos) como se hacía antes en muchas familias. Que no ascendemos. Que el ascensor parece que se ha atascado, si no para todos, al menos para muchos, aunque haga ya diez años que nos presentaron a esa tal crisis. No se trata sólo de una cuestión de percepción o de simple curiosidad: ese dato dice mucho de nuestra economía y de nosotros como sociedad. Seguir leyendo “EL ASCENSOR SOCIAL”

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LA TEORÍA DE LAS PLANTAS Y LOS GOLES

Cuando hablé de los aguacates y todas esas teorías sobre cuándo un momento no es el adecuado en cuestiones de amor, conté también la teoría del bacon y el huevo que tan genial me parece para hablar de algunas relaciones. Contaba entonces que fue un tren de Florencia a Bolonia y las conversaciones con una amiga para amenizar el trayecto los que me dieron la idea. Ahora hablamos de lo mismo pero de maneras distintas; con otra perspectiva, nuevas experiencias y más años. Y no es que los años echen por tierra la Teoría del Aguacate ni mucho menos, pero sí dan paso a otras igual de geniales y que completan a las anteriores.

Así que hoy, de los creadores de “De teorías y hombres” llega la Teoría de las Plantas. Porque unas veces toca hablar de amor a quemarropa, cumpliendo un cliché tras otro desde el corazón y escribiendo sobre los besos precipitados, los disparates inventados y el pulso acelerado, y otras, simplemente, toca hablar de alegrías y teorías varias para esos días en los que hace falta mucho sentido del humor.

Esta vez fue otra amiga (por supuesto) quien me habló de ella, como una metáfora de las relaciones personales en un momento en el que Tinder se ha comido los ligues de barra del bar y un match es como hacer una perdida antes de los 2000.
Hace poco leí algo curioso. Seguir leyendo “LA TEORÍA DE LAS PLANTAS Y LOS GOLES”

EL PODER DE LA ESPERANZA

Llevaba un tiempo sin escribir aquí los jueves; supongo que, como decía en Navidades, vivimos rodeados (o cargados) de deberes, obligaciones y compromisos con fecha de caducidad que nos lastran un poquito cada día, y otro poquito más. Esas rutinas que unas veces nos dan la vida y otras, nos la quitan. Después de tres años escribiendo aquí cada semana, hacer un parón se me hace raro (y no me gusta), pero supongo que a veces hay que parar para coger impulso y volver a lo importante. Y es que escribir siempre debería ser un refugio, un alivio de la carga, un respiro en medio de la jungla. Como dice la fabulosa Sol Aguirre, “escribamos, amigos, escribamos siempre; la vida es más vida desde que decidí escribirla”.

Quizá me faltase también esa chispa de inspiración para hablar de algo que mereciese la pena y que no fuera lo de siempre. Hay momentos en que uno se siente como esos caballos de carreras que sólo ven lo que tienen justo enfrente: sin distracciones a izquierda y derecha, llegan a la meta antes que el resto. Y cuando me siento así, sólo oigo quejicas profesionales (sin sentido y por rutina) a mi alrededor, y es en esos momentos cuando más necesito tirar de perspectiva y de esa gente que inspira y que es feliz en la adversidad. Buscar más allá (porque siempre hay más allá) y salir de ahí corriendo. Y eso fue lo que hice el viernes pasado: pararme, mirar a mi alrededor y pensar eso de “recuerda quién eres, recuerda qué te trajo hasta aquí”. Y ponerme a escribir en el primer tique que encontré. Seguir leyendo “EL PODER DE LA ESPERANZA”

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