Que seamos felices con poco. Que llevar la razón no merezca la pena. Que escuchar sea siempre el plan A. Que los niños tengan siempre su alegre refugio; que las familias busquen siempre en sus raíces. Que a nuestros padres no les falte nada. Que la generosidad nos acompañe; que el amor por todo nos guíe. Que siempre nos quede París. Que los medios y las redes no sean el salvaje oeste. Que las ideologías nunca estén por encima de las personas; que la polarización no nos enfrente, que se quede en las pilas. Que los enfrentamientos políticos convertidos en algo personal mueran sin llegar a su destino. Que no sea nunca más fácil montar una hoguera que leer un libro, como dice Maruja. Que sólo las verdaderas leyendas nos inspiren; que sepamos qué luces seguir. Que nadie apague la luz ajena, ni arrebate su mecha. Que olvidemos el móvil en cualquier rincón. Que tengamos la necesidad de volar para poder despegar. Que lo peor no esté por venir. Que merezca la pena. Que los museos abran de tarde-noche. Que no todo valga. Que entendamos que todo lo que le ocurra a la tierra, les ocurrirá a los hijos de la tierra. Que nos olvidemos del mí-me-conmigo para pensar más en los otros, para ayudar a un desconocido, para hacernos voluntarios de cualquier buena causa. Seguir leyendo “CARTA AL NUEVO AÑO”

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