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The Red Door

A veces, la vida

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Quesito NARANJA (para los frívolos)

LA TEORÍA DE LAS PLANTAS Y LOS GOLES

Cuando hablé de los aguacates y todas esas teorías sobre cuándo un momento no es el adecuado en cuestiones de amor, conté también la teoría del bacon y el huevo que tan genial me parece para hablar de algunas relaciones. Contaba entonces que fue un tren de Florencia a Bolonia y las conversaciones con una amiga para amenizar el trayecto los que me dieron la idea. Ahora hablamos de lo mismo pero de maneras distintas; con otra perspectiva, nuevas experiencias y más años. Y no es que los años echen por tierra la Teoría del Aguacate ni mucho menos, pero sí dan paso a otras igual de geniales y que completan a las anteriores.

Así que hoy, de los creadores de “De teorías y hombres” llega la Teoría de las Plantas. Porque unas veces toca hablar de amor a quemarropa, cumpliendo un cliché tras otro desde el corazón y escribiendo sobre los besos precipitados, los disparates inventados y el pulso acelerado, y otras, simplemente, toca hablar de alegrías y teorías varias para esos días en los que hace falta mucho sentido del humor.

Esta vez fue otra amiga (por supuesto) quien me habló de ella, como una metáfora de las relaciones personales en un momento en el que Tinder se ha comido los ligues de barra del bar y un match es como hacer una perdida antes de los 2000.
Hace poco leí algo curioso. Seguir leyendo “LA TEORÍA DE LAS PLANTAS Y LOS GOLES”

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VUELING ME SOFTLY

Viajar por trabajo no está pagado. Lo hablaba el otro día con un amigo que volvía revuelto y cansado y que se arrastraba hasta nuestras cañas de sábado como si en vez de tres días a cuatrocientos kilómetros de casa llevase de expedición en Dunkerque más días que Tom Hardy: el primero hace incluso ilusión, con el segundo empiezas a desencantarte, y al tercero sólo quieres cruzar los dedos detrás de la espalda o echar mano de una capa de invisibilidad para que el gatillo de la ruleta rusa le toque a otro. A cualquiera menos a ti. Ocurre lo mismo que con los moscones de barra nocturna o los piropos de andamio oxidado: lo poco agrada y lo mucho enfada.

Cuando el viaje, en cambio, es por placer, uno soporta con otro ánimo las cosas del volar (o del viajar), pero reconozcamos que son rara avis los que se levantan con un salto de la cama a las 4 de la madrugada, más cerca del buenas noches que del buenos días, ávidos de pasar el día entre andenes fríos, butacas estrechas, controles desbordados y reuniones destructoras. No digo que no, seguro que habrá quien se sienta un ejecutivo o una ministra haciendo cosas importantes y mirando con superioridad moral a los curritos de a pie que lo más interesante que harán ese día será reponer las grapas y decidir si café con leche o solo, ensalada o menú del día, vuelta a casa en metro o andando. Demasiada vulgaridad para un día laborable. Seguir leyendo “VUELING ME SOFTLY”

LO QUE ME ENSEÑÓ UN CERO

«Si tratas a un individuo como es, seguirá siendo lo que es. Pero si lo tratas como si fuera lo que podría ser, se convertirá en lo que puede y ha de ser», Johann Wolfgang von Goethe.

Cuando era pequeña, dibujar no era mi fuerte. Tampoco lo era la orientación ni eso otro que los psicólogos y profesores llamaban “concepción espacial”. Con-cep-ción-es-pa-cial. Aún hoy cuando lo nombro me suena a chino y, lo que es peor, se me remueve algo por dentro que no sé si es indiferencia o desazón, como cuando un olor antiguo activa algo en nuestro cerebro y lo transporta a esa sensación del pasado como si estuviese sucediendo ahora mismo. No suspendía porque recuerdo a mi padre llevándome con seis años al baño, lápiz y papel en mano, y plantándome delante del espejo con toda la paciencia que era capaz de atesorar. Yo levantaba el papel en el aire y él me decía: «¿Ves esa figura reflejada? Si buscas la línea imaginaria que la divide en dos encontrarás la simetría». Así pasábamos las horas, entre cenefas y papeles doblados por la mitad en el espejo de un baño que hace mucho que ya no está pero que aún recuerdo. Parecía un tablero de ajedrez, todo blanco y negro, muy atrevido para los noventa. Y recuerdo ese espejo, más grande que cualquier pizarra del colegio.

Una vez al año, el psicólogo del colegio nos hacía unos tests de inteligencia y personalidad, tan de moda por entonces. Por supuesto, una de las pruebas era sobre esa capacidad de rotar objetos en la mente, imaginarios o reales, para visualizarlos desde distintos ángulos y continuar la secuencia. Seguir leyendo “LO QUE ME ENSEÑÓ UN CERO”

CUANDO TODOS OPINAMOS

Cuando opinar de todo es deporte nacional, hay que andarse con ojo. Medir, apuntar bien, darse un puntito de cuando en cuando. Algo tan viejo como ser educado, respetar, empatizar. Porque nunca se sabe qué pasa al otro lado, cómo de compleja es la vida del otro o cómo de pequeña es nuestra perspectiva. Si, en época de Hitler, Goebbels decía que una mentira repetida mil veces se convertía en verdad, ahora diríamos que las historias se crean a base de contar una sola cosa sobre alguien o algo, una y otra vez, mostrándola sólo como eso. Y nada más. Tan sencillo y tan falso como decir que Nigeria es sólo violenta. O que ése es sólo gay. O sólo blogger. O sólo gordo. O sólo cornudo. Las historias que oímos son las historias que contamos, y las historias que leemos son aquellas sobre las que después escribimos. Pero esas vidas paralelas son siempre mucho más que una sola historia. ¿Verdad?

Escribía Javier Aznar en su última columna en Elle que «miramos con cierto desdén y recelo a los youtubers, a esa generación Instagram y Snapchat, a los tan caricaturizados millennials. Puritita envidia. Se habla de ellos como si fueran una raza extraterrestre, reptilianos que habitan entre nosotros con los que todavía no hemos encontrado un sistema de comunicación adecuado. Asumimos que no cogen un libro, Seguir leyendo “CUANDO TODOS OPINAMOS”

MESES DE FEBRERO Y GENTE SIN PACIENCIA

Se supone que febrero es de los meses que peor se me dan. Cada año. Diría incluso que también marzo y abril, porque enero se da por supuesto, va en el pack. Ya en los noventa, los estudios revelaban, para escaso asombro de todos, que nueve de cada diez sufríamos cada temporada otoño-invierno, con la ausencia de luz y el cambio de clima, una sensación (sutil, matizaban ellos) de decaimiento del ánimo, el sueño y la energía. Como los osos cuando hibernan; es una regla de tres: cuanto más duermes, más lento te vuelves y menos sociabilizas.

Hasta que este año me reconcilié con él, con febrero y todas sus F frías y frenéticas. Porque este mes ha sido el de los propósitos cumplidos, modestia aparte, aunque  reconozco que cuando empecé el año y anoté algunos en esa lista, varios tenían forma de duda. Pero los he tachado y sienta fenomenal ser capaz. Siempre es más fácil hacerlo que pensarlo y morir de miedo imaginándolo.

Confieso que uno de ellos era volver a conducir. Hace unos años, Seguir leyendo “MESES DE FEBRERO Y GENTE SIN PACIENCIA”

PERDIDOS

Es un clásico pero como mi buena memoria en esto sí falla y no recuerdo ni la mitad de la mitad años después, entre todo esto, el frío polar y los puentes y festivos, este invierno he vuelto a ver Lost, esa serie que nos dejó con más dudas que respuestas, la que nos metió el gusanillo dentro y cambió la forma de ver televisión, y la que nos hizo elucubrar miles de teorías posibles sobre la vida y el destino durante años.

¿Qué más aprendimos de Perdidos y de su forma de hacer televisión? Aquí va mi lista top 5 cuando se cumplen trece años de su estreno:

1. Todos nos perdemos: todos tenemos una historia, un pasado y una mochila que cargar. Decía hace un tiempo (también al salir del cine) que nuestra mente, a veces, se cree las mentiras piadosas pero que en el fondo, fondo siempre conoce las verdades que duelen. Los monstruos que hay que enfrentar. Lo oscuro que hay que vomitar. Y con los años aprendemos que nada desaparece sin antes curarlo. Que los miedos de cuando fuimos niños, siempre regresan, cuando menos lo esperas. Que los secretos pesan demasiado. Que no podemos ocultarnos la verdad. Y que los demás, quienes nos rodean, conocidos y completos desconocidos, también tienen su historia, una vida tan intensa y tan compleja como la nuestra, y nuestra perspectiva se vuelve pequeñita si no le enseñamos a hacer justo lo contrario.

Seguir leyendo “PERDIDOS”

LO QUE APRENDÍ EN IKEA

Cuando era pequeña, ir a IKEA era casi como ir al cine y comer palomitas. O como cenar del Burger, o merendar Nocilla, o acostarse tarde esperando a los Reyes. Pasaba una vez cada muchííísimo y yo tan feliz. Ahora también voy más feliz que una perdiz y me vuelvo loca, pero reconozco que IKEA es un mal necesario (te copio). Y hoy voy a contar lo que aprendí allí.

Por lo visto, nuestras casas son una proyección de nosotros mismos. De nuestra vida. Es decir, que entiendo que esas casas frías y modernas que a veces veo, mortalmente aburridas, huecas e impolutas hasta el extremo de la monotonía más rancia, reflejan más de lo que pensábamos de sus inquilinos… que supongo que serán tan soporíferos como sus chozas, ¿no? Jaja. El club de la lucha tiene una escena genial, de esas inolvidables del cine, a lo Tarantino, en la que Edward Norton, sentado en el váter leyendo un catálogo de IKEA, dice de sí mismo: «Como tantos otros, me había convertido en un esclavo del instinto IKEA para acomodarse en casa. ¿Qué clase de vajilla definiría exactamente mi personalidad? Tenía de todo». Seguir leyendo “LO QUE APRENDÍ EN IKEA”

SOBRE LO QUE NO PREOCUPARSE

El otro día vi una foto muy loca y pensé que hay que organizar fiestas en casa. Y si tienes un jardín grande, con más razón, es parte ineludible del contrato. Cualquier razón es buena, no hacen falta. Fiesta de esas que recuerdes siempre por tener la casa hasta arriba de gente echando una mano y llenando el buche, por estropear ese sofá caro, por romper una lámpara que no debías y por pasarte dos días limpiándolo todo como si no hubiese un mañana. Hay que organizar fiestas temáticas donde cada uno se salte las normas a la torera y las recuerdes cuando no te queden fuerzas. Fiestas donde estén todos los importantes, aunque no haya hueco ni para un alfiler. Fiestas para bailar como los Rolling Stone, tan joven y tan viejo; fiestas para perder la vergüenza, para enseñar lo que no se puede, para hacer barbacoa con un secador de pelo, para quemar la pista, para anestesiar los pies, para sudar la chaqueta y después perderla, para decir tonterías sin límites y para besar y bailar y reír.

Mientras pensaba en eso pensaba en todo eso por lo que no merece la pena preocuparse. Todo eso que muchas veces nos remueve, Seguir leyendo “SOBRE LO QUE NO PREOCUPARSE”

MANUAL DE JUEGO: EL MAREADOR

Amiguis, hoy ya es agosto, las vacaciones están tan, tan cerca que a mí ya me huele a salitre, chiringuito y buena vida, y con este caloret sólo apetecen cositas livianas y humor. Mucho sentido del humor. Así que he pensado que no había mejor día para hacer un tour por los hombres de Las Claves de Sol, un blog que si no conocéis ya, os animo a que leáis y os deis una alegría!!! Algo así como el antimanual de juego de Barney Stinson para mujeres.

Dedicado a todas las que algunas vez hemos dicho «yo ya no sé si estoy loca», «¡luego dirán que somos complicadas!» o «¿pero a ti te parece esto normal, o soy yo?». Porque todas tenemos amigas (o amigos, claro) que necesitan una sobredosis de realidad, un chute de humor tonto y relativizar todo, todo en compañía, que sabe mil veces mejor. Seguir leyendo “MANUAL DE JUEGO: EL MAREADOR”

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