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The Red Door

A veces, la vida

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Quesito VERDE (para los reflexivos)

LOS SELFIES, EL PUDOR Y 3 AÑOS DE BLOG

Sobre el noble arte de los selfies, se ha escrito y dicho mucho desde que llegó a nuestras vidas y a nuestro lenguaje. Hoy no imaginamos no hacerlos, ¿cómo si no íbamos a hacernos fotos?, igual que no concebimos la ausencia en nuestras vidas del GPS, Internet y tantos otros lujos de nuestro día a día que no lo fueron hasta hace poco. Entre otras, me gusta cuando lo relacionan con la historia que cuenta Paolo Sorrentino en la serie protagonizada por Jude Law. Cuentan que el supuesto Papa Pío XIII no se dejaba fotografiar, no le gustaba ser visto ni que los focos supiesen de él en el Vaticano. Y, de alguna forma, esta pretensión contribuyó al misterio, a la divinidad y al secreto, como Philip Roth, que no sonríe nunca en sus fotos, o como ya hicieron también Salinger, Bansky o Kubrick protegiendo su identidad y su rostro en medio de un aura de intimidad que los mantuvo inaccesibles, viviendo la gloria en la oscuridad.
Ahora parece impensable vivir fuera de los focos, incluso nosotros, completos anónimos, compartimos públicamente lo que hacemos-comemos-sentimos-vemos-queremos. Y nos chifla la vida de los demás, echar el ojillo por la mirilla en vidas ajenas a ver qué se cuece. Para relativizar miserias, para sentirnos menos solos, para compartir incertidumbres, por diversión, por llenar los tiempos muertos, por curiosidad.

Volviendo a los selfies, siempre he sentido especial pudor al hacerlos. Seguir leyendo “LOS SELFIES, EL PUDOR Y 3 AÑOS DE BLOG”

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EL ASCENSOR SOCIAL

«Y así vamos adelante, botes que reman contra la corriente, incesantemente arrastrados hacia el pasado», final del libro El gran Gatsby, 1925.

Últimamente, muchas cosas que antes no podían comprarse, se solucionan ahora con dinero. Pagando, o pagando más que el resto. Saltarse una cola en un restaurante afamado, alquilar un coche antes que los otros quince números que tienes por delante, o directamente que alguien haga la cola por ti (como decía Javier Aznar en su columna, nadie hará cola cuando hayamos muerto). Es curioso cómo evolucionamos hacia lo instantáneo, hacia la comodidad yonki, y sobre todo cómo nos polarizamos según tengamos más o menos. Eso marca la diferencia y la distancia. Tener mayordomos ya no es cosa de unos pocos burgueses: ahora (casi)todos chasqueamos los dedos para que alguna aplicación nos traiga algo de comer al sofá, nos planchen la ropa o nos hagan la cama del hotel. El lujo sencillo ya es cotidiano.

A pesar de todo eso, creo que nos toca vivir un momento complicado. No es incompatible todo lo anterior con esa sensación generalizada de que “vivimos mucho peor que nuestros padres”. Con sueldos más precarios, peores condiciones y exigencias por las nubes. Que no podremos comprar una casa (o dos) como se hacía antes en muchas familias. Que no ascendemos. Que el ascensor parece que se ha atascado, si no para todos, al menos para muchos, aunque haga ya diez años que nos presentaron a esa tal crisis. No se trata sólo de una cuestión de percepción o de simple curiosidad: ese dato dice mucho de nuestra economía y de nosotros como sociedad. Seguir leyendo “EL ASCENSOR SOCIAL”

EL PODER DE LA ESPERANZA

Llevaba un tiempo sin escribir aquí los jueves; supongo que, como decía en Navidades, vivimos rodeados (o cargados) de deberes, obligaciones y compromisos con fecha de caducidad que nos lastran un poquito cada día, y otro poquito más. Esas rutinas que unas veces nos dan la vida y otras, nos la quitan. Después de tres años escribiendo aquí cada semana, hacer un parón se me hace raro (y no me gusta), pero supongo que a veces hay que parar para coger impulso y volver a lo importante. Y es que escribir siempre debería ser un refugio, un alivio de la carga, un respiro en medio de la jungla. Como dice la fabulosa Sol Aguirre, “escribamos, amigos, escribamos siempre; la vida es más vida desde que decidí escribirla”.

Quizá me faltase también esa chispa de inspiración para hablar de algo que mereciese la pena y que no fuera lo de siempre. Hay momentos en que uno se siente como esos caballos de carreras que sólo ven lo que tienen justo enfrente: sin distracciones a izquierda y derecha, llegan a la meta antes que el resto. Y cuando me siento así, sólo oigo quejicas profesionales (sin sentido y por rutina) a mi alrededor, y es en esos momentos cuando más necesito tirar de perspectiva y de esa gente que inspira y que es feliz en la adversidad. Buscar más allá (porque siempre hay más allá) y salir de ahí corriendo. Y eso fue lo que hice el viernes pasado: pararme, mirar a mi alrededor y pensar eso de “recuerda quién eres, recuerda qué te trajo hasta aquí”. Y ponerme a escribir en el primer tique que encontré. Seguir leyendo “EL PODER DE LA ESPERANZA”

TENISTAS, SUPERPODERES Y (OTROS) ALTOS VUELOS

A veces me sorprendo a mí misma haciendo conexiones curiosas. Imagino que es algo que nos pasa a todos, claro. Voy andando por la calle, veo un calvo y me acuerdo de que tengo pendiente llamar a alguien (no a un calvo); oigo una canción en la radio y me recuerda que tengo que comprar papel higiénico, no queda. Esas extrañas asociaciones que hace el cerebro, enhebrando recuerdos sin nuestro permiso, tienen su lógica dentro de la locura.

Cuando en su día leí partes del libro Open, biografía del tenista André Agassi escrita por el premio Pulitzer M.H. Moehringer, me vinieron tantas ideas a la vez a la cabeza que escribí el borrador de lo que luego sería uno de los primeros posts de este blog, aunque poco se parecía al borrador, y nada al libro: las facturas y la vocación. Recibí comentarios y visitas, se abrió un buen debate y el tema me siguió dando mucho que pensar y que rumiar. Este fin de semana, en el torneo de Miami, no llegaban a la final ni Nadal (lesionado) ni Federer y, aunque ganó Isner, recuerdo más los titulares de siete días antes: “Roger Federer, de nuevo a sorbos” o “Federer cede en la primera ronda de Miami y Nadal recupera el número 1”.  Ese Federer imbatible más allá de los cuarenta, renacido de sus cenizas como dicen los poetas de ahora hasta trillarlo, o convertido en nuestro Buzz Lightyear como leía en una columna de Javier Aznar hace ya un par de meses [muy recomendable si no la habéis leído, una maravilla], perdía contra todo pronóstico en el primer partido del Masters 1000 de Miami. Hasta el infinito y más allá. Nada de los habituales titulares homéricos, nada de épica, y en ese momento, Seguir leyendo “TENISTAS, SUPERPODERES Y (OTROS) ALTOS VUELOS”

HOY, LAS MUJERES

«Nada asusta más a un cafre que una mujer que sabe leer, escribir, pensar y encima enseña las rodillas», Carlos Ruiz Zafón.

Normalmente hablo de otras batallas. O de otras reflexiones que nada tienen que ver con los sucesos, guerras dialécticas, opiniones y fronteras con las que convivimos día a día. Supongo que, en su día, preferí no opinar abiertamente de lo que necesita mucho más espacio que el que se puede contener aquí en apenas doce docenas de palabras. Aunque me encanten las columnas de opinión y tenga la mía (no siempre definida, pero mía).

Hace unas semanas, empezábamos el año nuevo bailando, brindando y celebrando, pasando las uvas (reídas y lloradas) con los nuestros, y haciendo en definitiva nuestro propio balance de lo que llega en el dieciocho y de lo que pasó en el diecisiete. Mientras, en todos resonaba, más o menos fuerte, que hoy las mujeres aún tienen batalla por delante (y mientras varios agentes trasnochaban para resolver un caso).

Dudaba sobre si escribir esto o no, pero mientras lo dudaba escribía. ¿Cambia las cosas lo que yo escriba? ¿Ayuda en algo a alguien que la alfombra roja de los Globos de Oro se tiña de vestidos negros para condenar la violencia de género y los abusos sexuales? ¿Se genera con esto algún tipo de movimiento más poderoso de lo que imaginamos o simplemente es más de lo mismo? Creo que algunas causas se pervierten de su significado más real de tanto manosearlas, pero eso no quiere decir que sea justo o lógico o bueno. Cuando Seguir leyendo “HOY, LAS MUJERES”

ENTRE DOS AGUAS

«Se habla de que las heridas cicatrizan, pero siguen siendo heridas; puede que en algún momento no notemos que algo nos falta, pero el resto del tiempo, aunque lo echemos de menos, nada podemos hacer», Suave es la noche, Scott Fitzgerald.

 Nos hipnotiza el agua. Nos atrae el repiqueteo de la lluvia chocando contra los cristales de casa, resbalando por nuestro chubasquero a cámara lenta o cayendo sobre el asfalto de la calle. Ese sonido bestia y primitivo del mar rompiendo contra las rocas como si fuese lo último pero también lo primero. El eco analgésico de la ducha, y su poder curativo. Las olas engullendo tablas de surf entre su espuma blanca y sus garras oscuras. El sol entrelazándose con la playa como si fuesen brochazos de tinta descontrolados. Y vuelta a empezar. La verdad es que no sabría decir si es por eso que llaman “chrysalism”, que es la tranquilidad de quedarnos en casa en medio de una tormenta como si volviéramos a ser bebés en el útero materno, o quizá sea por eso otro de que el agua tiene memoria, una especia de «conciencia líquida» sensible a nuestra actitud, al sonido que hacemos, a lo que sentimos y pensamos. Pero la realidad es que el agua me hipnotiza. Seguir leyendo “ENTRE DOS AGUAS”

NO ES COSA DE NIÑOS

Nuestros padres cuentan de vez en cuando que, antes, la voluntad de ser joven y diferente era una obligación a la vez que un desafío, dadas las circunstancias. Y con esa voluntad y algo de insensatez se fueron haciendo adultos hasta que llegó el recambio generacional de turno. No sé si ceder el testigo resulta más o menos fácil según se cumplen años, pero tengo la sensación de que la vida vuela y nunca fue cómodo renunciar a los tronos ni vivir en constante cambio. Cuando “los nuevos” llegan, no es una amenaza, porque ese territorio del que nos creemos beneficiarios universales, toca cederlo. De hecho, nunca fue nuestro. Y de hecho, las generaciones evolucionan tan rápido que lo que en los 80 era indispensable, ahora es un chiste.

Cuando estábamos en el colegio, el bullying ya existía. Tanto de profesores a alumnos como entre alumnos. Todos recordamos casos más o menos sangrantes. Otra cosa es que le restásemos importancia, nos pareciese lo normal, “cosas de niños”, o que no lo tuviésemos tan identificado y catalogado como hoy. Ni tampoco hablo de peleas tontas o ponernos puritanos.  Recuerdo que en clase Seguir leyendo “NO ES COSA DE NIÑOS”

2.0.1.8.

Ahora que ya he tenido tiempo de volver al trabajo y a la vida común (siempre es más fácil hacerlo que pensarlo y morir de miedo imaginándolo), tiempo de echar mucho de menos la vida de las vacaciones, tiempo de tener una tremenda nostalgia posnavideña (sin sus luces, sus reencuentros, sus comilonas, sus risas y su vida buena) y tiempo para “establecer las bases” de mi 2018, quería compartir aquí mi manifiesto de deseos para este nuevo año (quien dice deseos dice retos, ganas y planes), para que no se me olvide lo importante, para no estar por estar y para aplicarme el cuento en primera persona sin que la vorágine me coma.

Quiero empezar y acabar bien los días y llenarlos de intención, restando puntos a lo innecesario, a lo feo, a lo que no suma, a la pereza, al miedo y a lo hueco. Lo que pasa en medio también cuenta, pero quiero empezarlos y acabarlos bien.
Quiero no olvidarme de ese lugar con chispa que siempre nos espera y que a veces nos recuerda qué nos trajo hasta aquí y dónde estamos. Porque a menudo, en el día a día, nos perdemos a nosotros mismos en esta rueda de hámster en la que nos ha tocado vivir y ponemos el piloto automático para no perder el ritmo mientras perdemos de vista la esencia. Lo que de verdad importa. Qué queremos ser y hacer.
Quiero contar historias de verdad, que contagien, que inspiren, que empujen, que llenen, que se mastiquen. Sin teclear a lo loco cada jueves ni convertirlo en un caiga quien caiga. Porque si escribo es porque Seguir leyendo “2.0.1.8.”

A LOS CUERPAZOS

Todos los domingos por la noche, recibo un email con la newsletter de Andrea Amoretti. Hace unas semanas, el email que entró en mi móvil fue: bragas hasta la cintura. Ya sólo por el título, que me trajo una mezcla de recuerdos entre Bridget Jones y mi post de verano sobre estar frente al espejo, merecía la pena leerlo. Y fue todo un acierto porque me sacó una sonrisa, un par de carcajadas y varias reflexiones para reposar:

«No se me olvida aquel día de principios de verano comprando ropa interior nueva. Fue comprar mis primeras bragas de cintura alta y dejar de estar enfadada. Por muchas cosas. Todo uno. Ya hacía un año de aquel otro verano en el que me había propuesto tener otro cuerpo. Uno con diez kilos menos, una barriga plana y mis piernas de siempre. Pero no había pasado nada de todo eso. Seguía empeñada en decirle a mi cuerpo lo que yo quería y él insistía (pacientemente) contestándome con lo que yo necesitaba. Hasta que aquel día nos pusimos de acuerdo.
Será la aceptación o será el amor. Pero algo empezó a cambiar dentro de mí. Comencé a soltar rabia y a diluir un tipo curioso de frustración. Y dejé de estar enfadada con cosas que nada tienen que ver con ropa interior pero sí mucho conmigo misma. Así es como aprendes a querer el cuerpo que tienes. Seguir leyendo “A LOS CUERPAZOS”

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