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The Red Door

A veces, la vida

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Quesito VERDE (para los reflexivos)

A LOS CUERPAZOS

Todos los domingos por la noche, recibo un email con la newsletter de Andrea Amoretti. Hace unas semanas, el email que entró en mi móvil fue: bragas hasta la cintura. Ya sólo por el título, que me trajo una mezcla de recuerdos entre Bridget Jones y mi post de verano sobre estar frente al espejo, merecía la pena leerlo. Y fue todo un acierto porque me sacó una sonrisa, un par de carcajadas y varias reflexiones para reposar:

«No se me olvida aquel día de principios de verano comprando ropa interior nueva. Fue comprar mis primeras bragas de cintura alta y dejar de estar enfadada. Por muchas cosas. Todo uno. Ya hacía un año de aquel otro verano en el que me había propuesto tener otro cuerpo. Uno con diez kilos menos, una barriga plana y mis piernas de siempre. Pero no había pasado nada de todo eso. Seguía empeñada en decirle a mi cuerpo lo que yo quería y él insistía (pacientemente) contestándome con lo que yo necesitaba. Hasta que aquel día nos pusimos de acuerdo.
Será la aceptación o será el amor. Pero algo empezó a cambiar dentro de mí. Comencé a soltar rabia y a diluir un tipo curioso de frustración. Y dejé de estar enfadada con cosas que nada tienen que ver con ropa interior pero sí mucho conmigo misma. Así es como aprendes a querer el cuerpo que tienes. Seguir leyendo “A LOS CUERPAZOS”

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BE NICE OR LEAVE

Un día, un hombre se acercó sin mediar palabra y escupió a Buda a la cara. Así empieza la parábola budista sobre cómo ignorar a quienes nos hacen daño. Cuenta la historia que sus discípulos se enfadaron mucho y, uno de ellos, Ananda, se acercó a Buda y le pidió:
—¿Puedo darle su merecido a ese hombre?
Buda le miró con serenidad, se limpió la cara y dijo:
—No, yo hablaré yo con él.
Y uniendo las manos en señal de reverencia, se dirigió al hombre que le había escupido:
—Vaya, gracias. Ahora ya sabemos que no siento ira dentro de mí. Me ha abandonado. En cambio, mis discípulos sí, a ellos todavía puede invadirles la ira.
El hombre, claro, no entendía lo que estaba sucediendo y se quedó triste y conmocionado: había ido a provocar la ira de Buda y, en cambio, había fracasado. Esa noche no consiguió dormir, dando vueltas en la cama, sin dar crédito a lo sucedido. Al día siguiente, acudió de nuevo a ver a Buda y, postrándose a sus pies, le pidió perdón desconsolado.
—No puedo perdonarte, no estoy enfadado contigo. Ya ha pasado un día y te aseguro que no hay nada que deba perdonarte. Si necesitas un perdón, ve con Ananda, échate a sus pies y pídele que te perdone. Él lo disfrutará.

A veces, viene bien recordar esta historia y su moraleja para no dejarnos envenenar, para no gastar una energía tan, tan necesaria para otras cosas buenísimas, o para decidir qué (y a quién) queremos o no en nuestra vida. Que sólo tenemos una. Seguir leyendo “BE NICE OR LEAVE”

TRABAJAR ERA ESTO

Desde hace un tiempo, tengo la sensación (apocalíptica) de que a nuestra generación nos come el trabajo. Quedamos a cenar con amigos y nos quejamos (entre agotados y resignados) de que vivimos en una carrera de fondo continua, de que echamos mil horas en el trabajo sin saber si merece la pena o si dejamos escapar la felicidad por esas pequeñas grietas, de que toca trabajar ese fin de semana o perder ese viaje de puente. Que-no-nos-da-la-vida. Y nos lo contamos unos a otros para aliviar la carga, compartir entre cañas y decirnos “calma, nena, que nada es tan importante”, a lo LucíaBe.

Oía el otro día en una conferencia sobre jóvenes talentos eso tan repetido últimamente de que los millennials somos esa generación con nuevas motivaciones laborales e ideas revolucionarias para cambiar el modelo poco a poco pero sin ganas de formar parte de grandes empresas líderes de nuestro sector, sino más bien de emprender, encontrar la motivación o crear un impacto positivo en la sociedad. Mover (y cambiar) el mundo. Pero también tengo a veces la sensación de que somos esa generación heredera de la crisis Seguir leyendo “TRABAJAR ERA ESTO”

LAS CASAS VIEJAS

A veces, cuando la rutina nos come y la memoria reciente duele o escuece, nos instalamos en los recuerdos. Como si ellos fuesen un bálsamo que nos reconciliase con esa memoria y nos abrigase un poquito en los momentos más grises. Pero lo cierto es que todos sabemos que son efímeros, que vienen y se vuelven a ir, y que con el paso del tiempo se van deshilachando poco a poco hasta dejar de ser lo que eran. Es inevitable.

Las casas viejas son parte de nuestro ADN, de nuestras raíces, de nuestra esencia más básica. Conservan las huellas de quienes les dieron vida. Y cuando de repente, un día, se vacían, siento que nos invade un escalofrío de nostalgia que es tan inevitable como esos recuerdos de los que hablaba. Cuando volvemos a ellas, huelen a lo de siempre. A lo que siempre olieron. Tienen vida propia. Todo sigue donde ellos lo dejaron. El sillón orejero de la esquina, con su piel ya cuarteada; los cojines de la cama, de dos en dos; las tazas en el armario, de tres en tres; y los botes a medio usar, la tele en su canal, las fotos en su sitio, como guardianes que también ven pasar el tiempo por ellos. Seguir leyendo “LAS CASAS VIEJAS”

ESE SEXTO SENTIDO

Después de muchas conversaciones, cafés y sincericidios vomitados en el momento más inesperado de todos, creo que, la mayoría de las veces, tenemos la respuesta. Hablo de esas veces en las que quedas con un amigo después de mucho tiempo y te cuenta a) que su vida está patas arriba, b) que no sabe qué hacer, c) ¿saldré de esta?
La mayoría de las veces, tienen la respuesta. Sólo hay que buscarla un poco más y hacerle(te) caso.

A veces oyes una alarma en tu cerebro, lejana, difusa… y no le haces ni caso, la ignoras, sigues y tratas de no hacerle caso pero el volumen sube y sube y se instala ahí, como cuando, después de muchas interferencias, por fin logramos sintonizar una emisora y entender lo que sucede. ¿Cómo no lo vi antes? Y entonces lo oímos con total claridad… Aunque duela. Aunque asuste. Aunque dé más vértigo que nada. Estoy segura de que el subconsciente toma la decisión mucho antes que nosotros; la clave está en que el subconsciente y el consciente se pongan de acuerdo lo antes posible. En hacernos casito y escuchar a esa voz interior que sabe lo que hay que hacer y a esa intuición nuestra que está ahí siempre, aunque parezca que no. Seguir leyendo “ESE SEXTO SENTIDO”

CRY, BABY, CRY

Me decía una amiga que pasaba por un momento feo que por qué no escribía sobre llorar en público y expresar nuestras emociones libremente pero sin sentirnos observados como maniquíes desvencijados en un escaparate. ¿Qué problema hay con llorar en público? ¿Hemos desarrollado todos una especie de fobia a la tristeza? ¿Acaso somos más débiles, más flojeras? ¿Los chicos no lloran? ¿Los políticos no deben?
Hace unos días, varios presentadores de informativos cerraban los especiales emocionados, alguno incluso llorando pese a los esfuerzos, después de cubrir el doble atentado terrorista de Barcelona. Era su ciudad, o tenían familiares allí, o simplemente les sobrepasó lo terrible de la realidad y se rompieron después de hasta seis horas en directo informando. No decidimos dónde lloramos, por qué o por quién, pero los titulares se atiborraron de sus lágrimas y de las de los demás.

Yo le dije a mi amiga que al revés, todo lo contrario: si algo he aprendido es que las emociones que no se “vomitan” (ni se aceptan, ni se procesan, ni se desbloquean) se quedan ahí dentro en bucle hasta que estallan por donde no deben. Como los fantasmas que siempre vuelven, hasta que les hacemos casito y les damos la patada, pues igual. Los duelos hay que pasarlos, las penas hay que llorarlas, y los baches hay que vivirlos. Y pedir ayuda.

A veces siento un impulso brutal de hablar con desconocidos. Acercarme a ellos, preguntarles, calmarles con una simple mano en el hombre o sonreírles, aunque muchas veces no hay mejor empatía que el silencio. Es un impulso irrefrenable y que ocurre a veces, no sabría decir cuándo. Decirles, no por teatrera ni por gurú ni por psicóloga callejera, que todo pasa, que todo llega, y que respiren. Que es un mal momento, que tiene que pasarlo, pero que esto también pasará. Se lo habría dicho a la chica de mi café Seguir leyendo “CRY, BABY, CRY”

EL ESPEJO

No se me ocurría mejor título que éste cuando hace algo más de un año leí una columna de Rosa Montero con el mismo título y empecé a darle vueltas a eso sobre lo que quería escribir. Casi siempre nos sentimos comparativamente más gordos, más feos, más flácidos y más enclenques que la mayoría de gente que nos rodea, y esa apreciación es casi siempre errónea.

«El otro día pasó por Madrid mi amiga Chus Lago, una alpinista y exploradora de élite; fue la tercera mujer del mundo (y la primera española) en subir al Everest sin oxígeno en 1999. Luego, en diciembre de 2008 y enero de 2009, se pasó dos meses cruzando la Antártida ella sola, arrastrando con sus propias fuerzas un trineo de 130 kilos y sometiéndose a temperaturas menores de 50 grados bajo cero. Chus completó la proeza y sobrevivió. En fin, con todo esto sólo quiero señalar su coraje extraordinario, su entereza, su fuerza física y sobre todo su fuerza interior. Hace falta ser alguien muy templado para lanzarse a la inmensa, inconcebible soledad helada de la Antártida, sin posibilidad de contacto humano, y no enloquecer. Guerreros que pelean contra su propia sombra». Seguir leyendo “EL ESPEJO”

POR 13 RAZONES

«Supongo que de eso trata todo. Nadie sabe con seguridad el impacto
que tiene sobre la vida de los demás. A menudo no tenemos ni idea.
Y aún así, hacemos las cosas exactamente igual».

Netflix nos ha convertido en zombis sonambulistas adictos a las series (más) e incapaces de esquivar el botón de “siguiente episodio”, que apenas nos da un margen de cinco segundos para dejar esta vida de crápulas cinéfilos y dormir un poco… o seguir. En estas, me zampé la primera temporada de 13 reasons why en pocos días de calor infernal y con cada capítulo se me amontonaban mil ideas y reflexiones que quería compartir cuando fuese capaz de ordenarlas. Ahora, después de una semana en Barretstown con los niños más especiales que conozco, no había mejor momento. ¡Allá voy!

Escribía hace más o menos un año (aquí) que se hace difícil ver a los muertos, especialmente cuando alguien muere joven. Cuando sentimos que no toca o cuando es tan imprevisto que el dolor es enorme. Tan enorme como el pedestal póstumo.
La historia de Hannah, Hannah Baker, se va deshilachando cinta a cinta, entremezclando presente y pasado (brutal el juego de luces y las oscilaciones de color/oscuridad y brutal la B.S.O.) en medio del huracán que supone para los protagonistas ser adolescentes y sobrevivir. A ellos. Al colegio. A los demás. A lo que se espera de cada uno. A las etiquetas. Seguir leyendo “POR 13 RAZONES”

DE DOS EN DOS

«Me basta con estar con aquellos que quiero, comprobar que me vale con tenerlos cerca, disfrutar la vida en compañía. 
Cuando la vida es bella, vale la pena sumergirse en ella de dos en dos…».

Cuando pasan cosas bonitas, supongo que todo sabe a poco. Querríamos más. Querríamos volver a ese momento en el que sales de la oficina volando, directo a Barajas, con todo el tiempo por delante y la adrenalina a mil. Querríamos volver a empezar y poner el contador a cero para exprimir estos días una y otra vez desde el principio.
Querríamos estar de vuelta en Donosti, celebrando con los novios todo lo bueno. Porque se nos ha casado la primera y todo son buenas excusas para celebrar, para brindar y para emocionarnos juntas. En el reparto de amigas me tocaron las mejores y allí nos fuimos todos.

Volvía hace unos días afónica, fiebrosa y agotada, y mientras la lluvia nos despedía hasta la próxima desde esa avionetilla en la que despegamos de Hondarribia, pensaba que volvía a casa llena de energía a pesar de todo, feliz y repleta de ideas nuevas y reflexiones sobre las que quería escribir y compartir. Seguir leyendo “DE DOS EN DOS”

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