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The Red Door

A veces, la vida

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Quesito VERDE (para los reflexivos)

CIENCIA, POLÍTICA Y VICEVERSA

«Lo que había aprendido tras haber desempeñado tareas en varios entornos profesionales —desde fichar abogados para Sidley & Austin hasta contratar nuevos empleados en la Casa Blanca— era que la uniformidad engendra más uniformidad, mientras no se haga un esfuerzo consciente por contrarrestarla», Michelle Obama, Mi historia.

El otro día, cuando salí por la noche a andar aprovechando los huecos que la fase cero nos permite, escuché en un pódcast una frase que mastiqué y rumié durante varios días después: es tiempo de ciencia, no de opinión. Y no porque no sea necesario, lícito y sano hacerlo (opinar), faltaría más, sino porque realmente es momento de que la política se preocupe, invierta y dedique esfuerzos y recursos a la ciencia, la tecnología, la educación, la sanidad. Es momento de progreso, de codo con codo, de todo eso que realmente importa y nos hace mejores como sociedad. A todos.

Pero una vez más, en medio de la pandemia que nos ha zarandeado y que aún nos tiene a medio gas, los políticos no están a la altura, nos inducen al Seguir leyendo “CIENCIA, POLÍTICA Y VICEVERSA”

SOBRE LO QUE NO PODEMOS CONTROLAR

Muchas cosas están del revés este año. Estamos desconcertados en medio de tanta anomalía y con una sensación de peligro constante. Al principio, todos pensábamos que nos sería ajeno, luego pensamos que al menos sería pasajero, y finalmente asumimos que venían tiempos complicados y que había que dejarse llevar y cultivar la paciencia. Esas primeras sensaciones son muy distintas a las de ahora, dos meses después. Recuerdo el 11 de marzo, empezando de nuevo a trabajar desde casa, y pensando en todas las cosas que tenía pendiente hacer. No podía moverme de casa pero seguía alimentando mis listas de to do. Las calles estaban cerradas y sólo pensábamos en la de cosas que podríamos hacer durante esas dos semanas (ja), y con un poco de suerte, de ahí iríamos directos a Semana Santa, a la playa, otros diez días de parón y vacaciones, y después todo habría pasado, sólo habría sido un mal paréntesis y como si nada. Entonces, los días empezaron a sucederse, ya no sabíamos distinguir el miércoles del domingo, como tampoco sabíamos poner nombre a las emociones que nos inundaban por dentro. ¿Cuántos muertos dices que van? ¿Y de qué edades? ¿Conoces a alguien? Pobres… No respiro bien, creo que necesito llorar, estoy asustada, y preocupada, ¿cómo estáis vosotros? Y los datos y las encuestas y las gráficas y los pronósticos se sucedían, y con ellos los rumores, entre apocalípticos y utópicos, igual que las opiniones. Seguir leyendo “SOBRE LO QUE NO PODEMOS CONTROLAR”

Y DESDE MI VENTANA

Por lo general, tendemos a pensar que lo que vemos es lo único que existe. Pero, al mismo tiempo, no ignoramos que nuestro cerebro percibe sólo una pequeña parte de la realidad, y desafiar esa forma habitual de pensamiento es todo un reto. Cada uno, con el tiempo y los efectos de una memoria que tiende a ser porosa y benévola, recordaremos estas semanas de confinamiento por algo en particular, y de alguna manera cada uno habremos descubierto una fortaleza, un talento o un recurso que creíamos inexistente o bajo mínimos. Habrá quien haya logrado superar una creencia limitante, quien haya combatido la ansiedad, quien haya descubierto el poder de la imaginación o la creatividad, y quien haya desbloqueado emociones. En eso consiste toda esta verbena, y las que vendrán…

De pequeña tenía un sueño recurrente: salía por la ventana de mi habitación volando y sobrevolaba los tejados bajos de ladrillo y antenas de televisión mientras todos dormían en sus casas. Muy Peter Pan, aunque no recuerdo nada más que eso, no sucedía nada especial pero eso que sucedía ya era mucho. Estos días, desde mi ventana, lo que veo es una primavera salvaje que se abre paso y lo invade todo, se amontona, se esparce, reconquista. Es lo fascinante de las ventanas, perder el tiempo mirando a través de ellas, imaginar otras vidas, ver sin ser vistos. Algo así como Seguir leyendo “Y DESDE MI VENTANA”

REBOBINAR

Estos días. Esto que ha pasado. Cuando todo esto pase. Antes de todo esto… 
Como quien nombra algo que no sabe o no puede concretar, todas estas expresiones han ido engrosando nuestro manual básico de comunicación durante estas semanas de pandemia, confinamiento, incertidumbre y desazón. Montaña rusa. Laberinto.
En medio del huracán que nos zarandea, estamos tomando consciencia de la realidad en muchos aspectos, como sociedad y también como individuos, pero sin duda uno de ellos es lo frágil que puede ser la vida. El valor de la ilusión. Qué es imprescindible. Qué es presente y qué es ya futuro. Qué es el privilegio y qué es la pérdida. Qué es enorme y qué es ya inexistente.

Cuando lo peor pasa, todos rebobinamos la película en busca de un inadvertido consuelo. Como si pudiésemos redirigirla e incluso cambiarla. Reescribir el final de la historia o decidir qué se puede hacer con eso que nos queda, quizá para devolverlo a su lugar, o al menos buscarle uno nuevo. Recuperar con detalle y por inercia, o quizá por huida, y recomponer con alma de relojero los últimos instantes, aunque la memoria sea traicionera, irreal, aleatoria, porque la ficción siempre salva, da igual que sea propia o ajena. Qué pasó, qué hice, qué dije, qué callé, qué me dijo, qué sentí, hacia dónde miré, qué cosa cogí, por qué. Rebobinamos Seguir leyendo “REBOBINAR”

SOBRE EL DUELO

Parad los relojes, desconectad el teléfono, 
acallad los pianos y con tambores amortiguados. 

Las estrellas ya no hacen falta; apagadlas todas. 

Guardad la luna y desmontad el sol, 

vaciad el océano y barred los bosques; 

porque ya nada puede servir para nada.

Blues funerario, de W. H. Auden.

 

Así lo describe Joan Didion en su libro El año del pensamiento mágico: «Recuerdo haber pensado que tenía que hablarlo con John. No había nada que yo no hablara con John. Tampoco podía dar sus zapatos: si iba a volver, necesitaría zapatos». Y así lo describe ella misma tan sólo un año más tarde, al perder también a su hija, en sus Noches azules: «Hubo un tiempo para que yo tuviera una hija. Y ese tiempo pasó. Y todavía no he encontrado el tiempo en que no la oigo canturrear».

Gabriela Ybarra, autora de El comensal, trata de comprender su relación con la muerte y la familia a través del análisis de dos sucesos: el asesinato de su abuelo a manos de ETA en 1977 (Javier de Ybarra Bergé, alcalde de Bilbao) y el fallecimiento de su madre tras padecer cáncer. Mi parte favorita es Seguir leyendo “SOBRE EL DUELO”

TODOS SOMOS MAPAS

A veces, ya es tarde para ver algo.
A veces, la ceguera es voluntaria y complaciente.
A veces, miramos sin ser capaces de ver.
Y otras veces, lo que no queremos ver, el terror, nos cierra los ojos. Como un fundido a negro. O como la memoria, que tras los peores momentos opta por borrar instantes concretos para soltar lastre y poder emprender el vuelo. O, al menos, avanzar.

Hace unos días, leí el libro El amigo, de Sigrid Nunez, que empezaba contando que, en los años ochenta, en California, un gran número de mujeres camboyanas acudieron al médico con la misma queja: no veían. Todas ellas eran refugiadas de guerra y, antes de volar a su país natal, habían sido testigos de las atrocidades cometidas por los Jemeres Rojos (en el poder desde 1975 hasta 1979). La mayoría habían sido violadas, torturadas o vejadas de otro modo, y habían visto asesinar a miembros de su familia. «Una mujer que no volvió a ver a su marido ni a sus tres hijos después de que los soldados aparecieran y se los llevaran dijo que había perdido la vista tras haber llorado todos los días durante cuatro años». No era la única que parecía haber llorado hasta quedarse ciega; otras sufrieron de Seguir leyendo “TODOS SOMOS MAPAS”

LA LUZ QUE NO PUEDES VER

En ocasiones, escuchamos casos de éxito, historias de superación, grandes descubrimientos, y tendemos a pensar que ésa es la única historia. Lo mal que lo pasaron, lo difícil que fue, las veces que pensaron que no podrían, que no llegarían, que no sabrían. Y cómo, un día, la historia fue otra, pasaron al otro lado, y ahora dan conferencias y entrevistas y esos científicos, artistas, deportistas y premiados recorren el país, las librerías y las televisiones contando que al final sí lo lograron. Que tú también eres capaz. Que adelante. Y el público se emociona y aplaude y les habla a otros de esa historia que acaban de oír.

Hay mucho debate con eso de la suerte. Decía Séneca que la suerte es lo que ocurre cuando la preparación coincide con la oportunidad. Porque la suerte sólo nos pilla en el momento y el lugar adecuados si estamos trabajando. Haciendo. Intentándolo. Preparado para ser capaz de percibir las oportunidades. Es un factor menor, aleatorio, como cualquier otro. Lo de Mozart, Picasso o los Beatles no fue casualidad, inspiración divina o suerte. A veces se nos olvida. Olvidamos que, antes de lograr su genialidad o tener un golpe de fortuna, tenían las manos callosas de practicar día y noche. Todas las voces que Seguir leyendo “LA LUZ QUE NO PUEDES VER”

LA IMPORTANCIA DE LA TRIBU

Tenemos necesidad de tribu. Las buscamos y las anhelamos desde pequeños, como un mantra que nos repetimos de manera inconsciente para aumentar nuestras posibilidades de supervivencia en medio de la jungla, o tal vez para sentirnos aprobados, sostenidos y apreciados, sin renunciar a la libertad. Es un impulso biológico heredado de los mamíferos. Formamos parte de grupos, de equipos, de clubes; somos parte de un clan. Si jugamos fuera de casa, al menos nos enfrentamos juntos contra el rival, amparados bajo un escudo común, una causa o un credo. Somos contrarios que, pese a evolucionar y mutar, se buscan, confabulan e intercambian pillerías como niños en el recreo cuando sus necesidades se cruzan, o cuando sus equipos se enfrentan, porque el enemigo es común o porque lo más simple se comparte. Y que mal de muchos… como si también al compartir lo malo (o lo más difícil), se aliviara un poquito la carga, sin saber bien cómo o por qué. Y dentro de esa red que tejemos nos sentimos más capaces y útiles, menos amenazados, especialmente en los días más cansados, perdidos y solitarios.

Decía Marina Keegan, Seguir leyendo “LA IMPORTANCIA DE LA TRIBU”

A QUIÉN LE IMPORTA

Cuenta la historia que un padre iba acompañado de su hijo pequeño y su burro por la plaza principal de un pueblo de camino a realizar trabajos en otra aldea lejana…

Un buen día, el niño iba montado en el burro y el padre caminando cerca de ellos; al pasar por la plaza del pueblo, concurrida de vecinos mirándoles con curiosidad, éstos comentaron: «¿Será posible? Un niño tan fuerte y robusto sobre el burro y el pobre padre mayor y achacoso caminando, ¡qué poca vergüenza!». Estos comentarios llegaron a oídos de este hombre y, a la semana siguiente, fue él quien se montó en el burro, mientras su hijo caminaba a su lado, azuzando al animal. Los vecinos del pueblo arremetieron entonces con sus críticas hacia el padre: «¡Qué vergüenza! El pobre crío caminando y él tan contento sobre el burro, ¡vaya padre!». Al tercer día, tratando de evitar las críticas del pueblo y sus vecinos, tanto el padre como el hijo atravesaron la plaza montados en el burro. Los comentarios no se hicieron esperar: «¿Cómo es posible que tengan tan poca consideración con ese animal? Los dos sentados tranquilamente y el pobre burro agotado llevándolos sobre su lomo…». Pasado el tiempo, y al tener una vez más que pasar por el pueblo, el padre y el hijo decidieron entrar caminando en la plaza del pueblo frente a las miradas de todos los vecinos, llevando al burro atado con una cuerda junto a ellos. Al ver esto, los vecinos no pudieron dejar de exclamar: «¡Qué estúpidos, para qué quieren el burro si van los dos caminando y el animal moviéndose a sus anchas, ¡qué poco cerebro tienen!».

Si echamos un vistazo a cómo funciona el mundo, es fácil deducir que es imposible complacer a todos. En realidad, si logramos complacer al Seguir leyendo “A QUIÉN LE IMPORTA”

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