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The Red Door

A veces, la vida

SOBRE LO QUE NO PREOCUPARSE

El otro día vi una foto muy loca y pensé que hay que organizar fiestas en casa. Y si tienes un jardín grande, con más razón, es parte ineludible del contrato. Cualquier razón es buena, no hacen falta. Fiesta de esas que recuerdes siempre por tener la casa hasta arriba de gente echando una mano y llenando el buche, por estropear ese sofá caro, por romper una lámpara que no debías y por pasarte dos días limpiándolo todo como si no hubiese un mañana. Hay que organizar fiestas temáticas donde cada uno se salte las normas a la torera y las recuerdes cuando no te queden fuerzas. Fiestas donde estén todos los importantes, aunque no haya hueco ni para un alfiler. Fiestas para bailar como los Rolling Stone, tan joven y tan viejo; fiestas para perder la vergüenza, para enseñar lo que no se puede, para hacer barbacoa con un secador de pelo, para quemar la pista, para anestesiar los pies, para sudar la chaqueta y después perderla, para decir tonterías sin límites y para besar y bailar y reír.

Mientras pensaba en eso pensaba en todo eso por lo que no merece la pena preocuparse. Todo eso que muchas veces nos remueve, Seguir leyendo “SOBRE LO QUE NO PREOCUPARSE”

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EL ECO NO VUELVE SI NO GRITAS

Cuando somos pequeños y cargamos en la espalda una pesada mochila llena de libros que no queremos leer y deberes pendientes por hacer, nos enseñan desde una pizarra que el mundo gira en torno a teorías, reglas, principios y cálculos. Que ahora sabemos que la tierra es redonda, por qué el mar es de color azul, y que nuestro universo podría ser simplemente el experimento de un niño de secundaria de otro universo paralelo. Como en Matrix. Y nos apoyamos con fuerza sobre todas esas teorías, reglas, principios y cálculos para que el resto de decisiones que dependen de nosotros parezcan un poquito más livianas. Como si lo importante ya fuese seguro y nosotros sólo tuviésemos que jugárnosla un poco, pero no demasiado. Cuando, en realidad, el eco nunca vuelve si tú no gritas.

Hoy le robo a Miki Naranja, un poeta de esos que hace extraordinario lo más cotidiano, su recopilatorio de apuntes para resumir nuestras teorías, nuestras ciencias y nuestros orígenes:

APUNTE DE FÍSICA
El eco no vuelve
si no gritas.
PRINCIPIO DE PASCAL
Tomando la inteligencia
como una constante,
cuanto más te vacíes
más te llenas.
APUNTE DE BOTÁNICA
Las plantas crecen
en todas las direcciones.
APUNTE DE ASTRONOMÍA
La verdadera distancia
se mide en años.
APUNTE DE QUÍMICA  Seguir leyendo “EL ECO NO VUELVE SI NO GRITAS”

LAS CASAS VIEJAS

A veces, cuando la rutina nos come y la memoria reciente duele o escuece, nos instalamos en los recuerdos. Como si ellos fuesen un bálsamo que nos reconciliase con esa memoria y nos abrigase un poquito en los momentos más grises. Pero lo cierto es que todos sabemos que son efímeros, que vienen y se vuelven a ir, y que con el paso del tiempo se van deshilachando poco a poco hasta dejar de ser lo que eran. Es inevitable.

Las casas viejas son parte de nuestro ADN, de nuestras raíces, de nuestra esencia más básica. Conservan las huellas de quienes les dieron vida. Y cuando de repente, un día, se vacían, siento que nos invade un escalofrío de nostalgia que es tan inevitable como esos recuerdos de los que hablaba. Cuando volvemos a ellas, huelen a lo de siempre. A lo que siempre olieron. Tienen vida propia. Todo sigue donde ellos lo dejaron. El sillón orejero de la esquina, con su piel ya cuarteada; los cojines de la cama, de dos en dos; las tazas en el armario, de tres en tres; y los botes a medio usar, la tele en su canal, las fotos en su sitio, como guardianes que también ven pasar el tiempo por ellos. Seguir leyendo “LAS CASAS VIEJAS”

UNA VIDA DE CINE

La primera vez que veo una peli siempre se me escapan cosas, detalles de los buenos. Supongo que por eso soy de las que repite siempre peli, como tú. Luego las veo con otra perspectiva, con otra pausa, y las devoro (a veces incluso con papel y boli) como si fuese un libro y pudiese pasar las páginas, retroceder, anotar y doblar esquinas.
Y de cada una de ellas (de las buenas) me quedo siempre con una frase, con una escena. Con un clic que me hace mirar más allá, o que se me suban las tripas a la garganta, o reír hasta no poder más. O, por qué no… salir literalmente bailando del cine.

Siempre quise una colcha llena de fotos bonitas cosidas. Toda una vida para taparse cada noche de invierno con los mejores recuerdos. Sí, como ésa, una igualita a la que cosió Susan Sarandon en Quédate a mi lado, la peli que nos decía «nunca digas nunca» y que tenía la mejor coreografía encima de una cama jamás vista: pijamas, un secador de pelo y ain’t no mountain high enough. También quise ser Matilda desde que tengo memoria y tener el pelo de Ann y Hall, en Boston, en Londres o en California, donde fuera, pero que nadie pudiese decirme que no era pelirroja. Me la sabía de memoria, cada diálogo, cada baile, cada escena. Sólo me faltaba llamar “socio” a mi padre y comer Oreos con crema de cacahuete, pero todo llegará, amiga. Seguir leyendo “UNA VIDA DE CINE”

ESE SEXTO SENTIDO

Después de muchas conversaciones, cafés y sincericidios vomitados en el momento más inesperado de todos, creo que, la mayoría de las veces, tenemos la respuesta. Hablo de esas veces en las que quedas con un amigo después de mucho tiempo y te cuenta a) que su vida está patas arriba, b) que no sabe qué hacer, c) ¿saldré de esta?
La mayoría de las veces, tienen la respuesta. Sólo hay que buscarla un poco más y hacerle(te) caso.

A veces oyes una alarma en tu cerebro, lejana, difusa… y no le haces ni caso, la ignoras, sigues y tratas de no hacerle caso pero el volumen sube y sube y se instala ahí, como cuando, después de muchas interferencias, por fin logramos sintonizar una emisora y entender lo que sucede. ¿Cómo no lo vi antes? Y entonces lo oímos con total claridad… Aunque duela. Aunque asuste. Aunque dé más vértigo que nada. Estoy segura de que el subconsciente toma la decisión mucho antes que nosotros; la clave está en que el subconsciente y el consciente se pongan de acuerdo lo antes posible. En hacernos casito y escuchar a esa voz interior que sabe lo que hay que hacer y a esa intuición nuestra que está ahí siempre, aunque parezca que no. Seguir leyendo “ESE SEXTO SENTIDO”

CRY, BABY, CRY

Me decía una amiga que pasaba por un momento feo que por qué no escribía sobre llorar en público y expresar nuestras emociones libremente pero sin sentirnos observados como maniquíes desvencijados en un escaparate. ¿Qué problema hay con llorar en público? ¿Hemos desarrollado todos una especie de fobia a la tristeza? ¿Acaso somos más débiles, más flojeras? ¿Los chicos no lloran? ¿Los políticos no deben?
Hace unos días, varios presentadores de informativos cerraban los especiales emocionados, alguno incluso llorando pese a los esfuerzos, después de cubrir el doble atentado terrorista de Barcelona. Era su ciudad, o tenían familiares allí, o simplemente les sobrepasó lo terrible de la realidad y se rompieron después de hasta seis horas en directo informando. No decidimos dónde lloramos, por qué o por quién, pero los titulares se atiborraron de sus lágrimas y de las de los demás.

Yo le dije a mi amiga que al revés, todo lo contrario: si algo he aprendido es que las emociones que no se “vomitan” (ni se aceptan, ni se procesan, ni se desbloquean) se quedan ahí dentro en bucle hasta que estallan por donde no deben. Como los fantasmas que siempre vuelven, hasta que les hacemos casito y les damos la patada, pues igual. Los duelos hay que pasarlos, las penas hay que llorarlas, y los baches hay que vivirlos. Y pedir ayuda.

A veces siento un impulso brutal de hablar con desconocidos. Acercarme a ellos, preguntarles, calmarles con una simple mano en el hombre o sonreírles, aunque muchas veces no hay mejor empatía que el silencio. Es un impulso irrefrenable y que ocurre a veces, no sabría decir cuándo. Decirles, no por teatrera ni por gurú ni por psicóloga callejera, que todo pasa, que todo llega, y que respiren. Que es un mal momento, que tiene que pasarlo, pero que esto también pasará. Se lo habría dicho a la chica de mi café Seguir leyendo “CRY, BABY, CRY”

SEPTIEMBRE

Hace un par de veranos, cuando tocaba volver a volver, escribía:

Dicen que septiembre no nos lo pone nada fácil, con sus portazos inesperados, sus adioses bruscos y sus promesas a medias. Promesas de lo que pudo haber sido y no fue. O duró un suspiro. Sus amores de verano, que no verás en invierno, y sus días interminables, que olvidarás antes de que llegue el otoño. Sus cambios de armario, sus vientos locos y sus pies en la tierra. Paraísos lejanos a cambio de bofetadas de realidad. A grandes dosis, que se note. Dicen que es como un lunes eterno, 30 lunes seguidos. Anochece antes y todo está de nuevo por escribir. Te has comido todas las fichas, y hasta los quesitos, y ya sólo queda volver al punto de partida. Entrar en fase de negación contra los calcetines y las prisas. Adiós terrazas, adiós olas de calor. Los mares se vuelven más grises, como el cielo, y las maletas se desoxidan sólo algunos fines de semana.

Y mientras tanto fue verano. Y fue septiembre. Yo me quedo aquí, enterrada en la arena, a la sombra de cualquier palmera, con el salitre pegado en la piel y las algas enredadas donde quieran enredarse. Me quedo con el sol, con la vida pirata y contando azules en el mar. Me quedo sin saber qué día es, a qué hora comer o cuánto trasnochar. Con permiso para todo. Con el tiempo a favor. Sonrientes y morenos, despreocupados y descalzos, con otro ritmo, con otra piel.
Una piel más desnuda. Más libre. Más salada.
¿Dónde estaba yo hace un año? ¿Me imaginaba que hoy estaría aquí, así? ¿Y tú? Qué hacías, dónde estabas, qué querías y planeabas… Seguir leyendo “SEPTIEMBRE”

BARCELONA NO TÉ POR

Craindre à tout moment pour sa liberté, c’est l’avoir déjà perdue.

Suelo escribir de las cosas cuando están reposadas; parece más sencillo, o la perspectiva parece ser mejor consejera. De lo bueno y, sobre todo, de lo malo. Cuando se posan las emociones y las ideas se ordenan un poco.

Hace ya una semana. El 17 de agosto nos pilló a muchos en la playa o de vacaciones, a otros saliendo de trabajar, y a muchos otros allí mismo. Nos levantamos como un día más pero no podíamos imaginar TANTO dolor en Barcelona, en las Ramblas, porque, además, en cuanto lo imaginamos, duele demasiado y se hace insoportable. Protegemos a los nuestros porque les queremos más que a nada, y olvidamos que la vida cambia en apenas unos segundos. Ésa que parece sólida, inquebrantable, protegida, cambia en un instante. Un instante normal. Y nadie está preparado, como decía hace poco en Londres, para que deje de ser así, menos aún cuando el dolor es cobarde, irracional y contra la libertad conseguida.

No quiero volver a escribir sobre todo eso que ya sabemos. Los datos, el dolor, las historias personales, el detonante, las investigaciones, los testimonios. Los detalles de la barbarie. Cuanto más y más leo, más entiendo que esta lucha es la unidad de todos. Porque ya sabemos que hay unos cuantos fanáticos sin uniforme ni humanidad dispuestos a pasarnos a cuchillo a todos los que amamos la vida y la disfrutamos. ¿Qué está pasando para que pasen estas cosas? No hace falta ver a las víctimas Seguir leyendo “BARCELONA NO TÉ POR”

CUANDO TODOS SOMOS FAMOSOS

Mientras escribía este título desde el tren pensaba en la que me iba a caer: se nos da mil veces mejor regalar recetas y consejos a los demás cuando yo misma sé que no me aplico el cuento de muchas de las cosas que repito aquí. Lo reconozco. Mis propios amigos me lo recuerdan de vez en cuando y yo me río para acabar, inevitablemente, dándoles la razón. Supongo que todos llevamos a un psicólogo-analizador-solucionador de problemas dentro que funciona mucho mejor con los de enfrente que con nosotros mismos… 😉

Siempre he sido muy celosa de lo mío, más aún cuando me animé a abrir este blog, para no sentirme expuesta, invadida o demasiado “desnuda” nunca. Sólo quería compartir lo que escribía, pero fui descubriendo (a escala diminuta) que la vida de los demás nos interesa enormemente, y cuanto más vemos, más queremos ver, más queremos saber y más queremos participar de eso.
Este verano he tenido varios debates sobre el tema redes sociales, (sobre)exposición y postureo, de lo que ya escribí también hace un tiempo (aquí). Seguir leyendo “CUANDO TODOS SOMOS FAMOSOS”

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