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The Red Door

A veces, la vida

EL ARTE DE TERESA J. CUEVAS

Siempre digo que me gusta mucho la gente capaz de decir mucho con poco, esos que no necesitan lo mejor ni lo más caro del mundo para hacer verdaderas maravillas con cualquier brocha deshilachada o transmitir como nadie con la música. Esa gente, decía, que emociona, conecta y recoge lo bonito en dos sílabas, un acorde y una mancha descolorida, o que da un nuevo sentido a lo que parecía feo, roto o cotidiano sin perder su esencia (como mis patatas fritas con mayonesa jaja). Si hay algo que me encanta es buscarle las cosquillas y el lado bueno a la cara B.

Cuando hablaba de esa gente que toca música y hace fotos geniales en los descampados más feos o de esa otra que encuentra algo que el resto no vemos en edificios abandonados o en letras callejeras, decía que el ser humano tiende a buscar cosas bonitas, orden, simetría y alegrarse la vista cuando sus necesidades básicas de hombre de las cavernas están ya cubiertas. Y ahí entra el arte. Seguir leyendo “EL ARTE DE TERESA J. CUEVAS”

QUE SE NOS VA LA OLLA

Somos un poco expertos en todo. Quedas a comer con amigos y los arquitectos porfían a los médicos mientras éstos les dicen cómo deben construir casas; al otro lado de la mesa, los profesores piden que los niños vengan de casa meados y llorados, y los padres dicen que de eso nada; y en el autobús hay tertulias profesionales sobre el asfalto, el tráfico y los ayuntamientos, porque estamos cargados de razón, claro.
A menudo enriquece, los debates nos hacen ser lo que somos; lo que no entiendo me gusta es esa necesidad mortal de llevar la razón por encima de todo y de todos. Ser considerado y educado con los sentimientos ajenos es lo menos torpe y más enriquecedor del mundo. A menudo damos por supuesto que nuestras convicciones, creencias y sensaciones son universales; o, al menos, certeras. Y negaremos esto si nos lo preguntan, pero lo cierto es que no nos suele gustar que nos cuestionen. Claro que no. Y muchas veces confundimos la pasión con los decibelios, decía Carlos Alsina un día de verano, como si así tuviésemos más razón o lo que decimos fuese más importante, mas verdadero, más lógico. Seguir leyendo “QUE SE NOS VA LA OLLA”

DE DOS EN DOS

«Me basta con estar con aquellos que quiero, comprobar que me vale con tenerlos cerca, disfrutar la vida en compañía. 
Cuando la vida es bella, vale la pena sumergirse en ella de dos en dos…».

Cuando pasan cosas bonitas, supongo que todo sabe a poco. Querríamos más. Querríamos volver a ese momento en el que sales de la oficina volando, directo a Barajas, con todo el tiempo por delante y la adrenalina a mil. Querríamos volver a empezar y poner el contador a cero para exprimir estos días una y otra vez desde el principio.
Querríamos estar de vuelta en Donosti, celebrando con los novios todo lo bueno. Porque se nos ha casado la primera y todo son buenas excusas para celebrar, para brindar y para emocionarnos juntas. En el reparto de amigas me tocaron las mejores y allí nos fuimos todos.

Volvía hace unos días afónica, fiebrosa y agotada, y mientras la lluvia nos despedía hasta la próxima desde esa avionetilla en la que despegamos de Hondarribia, pensaba que volvía a casa llena de energía a pesar de todo, feliz y repleta de ideas nuevas y reflexiones sobre las que quería escribir y compartir. Seguir leyendo “DE DOS EN DOS”

EL APARTAMENTO

A mi amiga (y escritora preferida) Lucía, mi rubia, la presenté ya en su día —podéis leer aquí lo que escribió sobre la felicidad, uno de los primeros posts de este blog (¡y ya van 100 con ella!). Suscribo todo lo que dije de ella y además añado que siempre me anima a seguir, a ser mejor en todo y a ver la vida con esa mirada inofensiva, genuina y alegre que sólo ella tiene.

Os dejo con El apartamento, escrito por ella, para que lo disfrutéis muchísimo, ¡¡ya huele a verano y a amigos!!

 ···

A las once en punto sonó el primer despertador. Era una de esas melodías de infarto que te dan ganas de tirar el móvil por la ventana. A las once cero cinco estalló el segundo, el tramposo. El tercero se quedó sin batería en un bolso de lentejuelas, y el cuarto renunció directamente, enterrado bajo la almohada.

El calor sofocante se colaba por la persiana y el sol todopoderoso del mediodía descubría la habitación dormida. Una cama grande y vieja que crujía cada vez que una de las seis piernas decidía moverse y un colchón de noventa encajado en el suelo, entre tacones interminables y vestidos del revés. Lo que iba a ser un fin de semana para dos se convirtió en su leonera para aquel verano.

En pocos minutos la casa entera se llenó de la música Seguir leyendo “EL APARTAMENTO”

VIVA LA VIDA

A veces nos atrevemos a decir que el dolor ajeno nos es indiferente, o que se lo es a los demás. Que nos pasa de largo, como algo vecino pero no propio, y lo dejamos ir con la corriente de todo lo demás para que no se nos quede dentro, para que no nos detenga, para que no nos obstaculice el paso hacia eso a lo que vamos directos y sin mirar atrás (ni al lado).

Cuando el martes nos despertó la noticia de un nuevo atentado terrorista, lo primero que pensé (creo) fue eso que escribía hace nada de que la vida te cambia en apenas unos segundos. La vida que tienes y que parece tan sólida, tan inquebrantable, tan protegida, cambia en un instante. Un instante normal. «Te sientas a cenar y la vida que conoces se acaba». Y supongo que cuando pasan este tipo de locuras, lo sentimos así más. Sales a dar un paseo, vas a un concierto, cruzas esa plaza, te sientas con amigos en una terraza, y nadie está preparado para que deje de ser así. Porque el dolor del otro también es nuestro, y debería serlo todavía más cuando se vuelve cobarde, irracional, arbitrario y contra la libertad Seguir leyendo “VIVA LA VIDA”

TODO ESO QUE QUISE DECIR

Cuando tenemos 20 años nos imaginamos con 30, con 30 nos imaginamos con 40, y con 60 nos imaginamos de vuelta a los 20. Nunca seremos tan jóvenes como hoy, y ese mantra debería acompañarnos cada día, grabado a fuego en la piel. A veces creo que no queremos mucho o poco, sólo queremos, y punto. Después de todo, los «te quiero» y los «gracias» son mejores en solitario, sin adjetivos, adverbios y adornos superfluos que los vacían y camuflan de lo importante. Siempre he pensado que los que te dicen “no pasa nada” en realidad no tienen ni idea de nada. Se puede decir mucho de una persona por cómo trata a los camareros. Y se puede decir mucho de un restaurante si el menú tiene fotos. Los tríos nunca son buenos: ni en la cama, ni entre amigos, ni en las Bermudas. Somos más las derrotas que las victorias, y más lo que tenemos que lo que perdimos por el camino. No hay nada mejor que echarle sentido del humor y ligereza a la vida, y mayonesa a las patatas fritas. Nunca pidas ensaladas en una hamburguesería, ni vayas al súper un lunes. En serio, mira siempre donde pones Seguir leyendo “TODO ESO QUE QUISE DECIR”

CAMBIO DE PLANES

«Joder, ya, pero es que hoy tendría que estar allí, cogiendo ese avión que compramos hace meses, y no aquí». Se lo oí decir a una chica el otro día a mi lado, llorando y colgada del teléfono en la consulta del médico. Es verdad, pensé, todos tendríamos que estar cogiendo aviones que no cogimos… Porque no se podía. Porque hacemos planes y luego la vida… pasa. Pasa y arrasa.

Casi todo se cumple, pero no siempre de la manera que imaginábamos o creíamos.

Porque casi nada es tan, tan importante.

Tendríamos que estar cogiendo un avión. Tendríamos que estar celebrando eso que teníamos pendiente. Tendríamos que estar allí, gastando dinero en helados y crepes y bares. Tendríamos que estar llegando. Tendríamos que ser uno más. Tendríamos que haber escogido la otra puerta. Tendríamos que haber sido más rápidos, o todo lo contrario. Tendríamos que haber elegido otra fecha, otro coche, otro destino. Pero no pudo ser. Tocó cambiar los planes, y seguro que para bien. Nos dan una noticia Seguir leyendo “CAMBIO DE PLANES”

MALAS MADRES

Hay mucho debate con esto de ser “normales”. Con ir al ritmo de nuestros amigos, de nuestra edad, de «lo que toca», de cumplir los requisitos. De sumarnos a la corriente de lo que todos hacen porque es lo que todos hacen y hay que hacerlo. ¿No? ¿Qué parte de lo que hacemos lo hacemos por moda y qué parte porque sí, porque nos gusta y nos sienta bien? Quiero pensar que gana por goleada lo segundo… pero a veces tengo mis dudas.

El domingo es el Día de la Madre y quería compartir una reflexión que he leído mucho últimamente: ser o no ser madre (o padre), esa es la cuestión. Varios personajes públicos, libros, plataformas y artículos de opinión se han hecho eco del debate de la (no)maternidad con distintos enfoques y argumentos, porque hay mujeres que no pueden o no quieren serlo, aunque hasta hace poco haya sido un tabú de esos que es mejor no comentar, no vaya a ser…
Hace poco tenía yo el mismo debate en una cena, y la verdad es que no soy capaz de decir mucho… sobre algo tan delicado, complicado y superpersonal. Ser madre es un instinto natural y animal, pero también debe ser siempre una decisión.

¿Sabes ese momento en el que vas de fiesta y te preguntan que cuándo Seguir leyendo “MALAS MADRES”

EL LADO BUENO DE LAS COSAS

Cuando oigo hablar de esquelas, en vez de recorrerme una sensación oscura y que se me suban las tripas a la garganta, siempre me acuerdo de la escena final de Serendipity, cuando Jonathan Trager pasea con su amigo Dean Kansky, que le dedica la siguiente necrológica por Central Park y a golpe de Northern Sky:

«Jonathan Trager, prominente productor ejecutivo de ESPN, murió anoche a causa de las complicaciones surgidas al perder a su alma gemela y a su prometida. Tenía 35 años. De voz suave y obsesivo, Trager nunca tuvo el aspecto de un romántico, pero durante los últimos días de su vida desveló una parte desconocida de su mente, esa persona oculta casi junguiana emergió durante la búsqueda en plan Agatha Christie de su ansiada alma gemela, una mujer con la que sólo pasó unas pocas horas preciosas.
Tristemente, la investigación búsqueda terminó en la noche del sábado en un completo y absoluto fracaso. Pero a pesar de la amarga derrota, el valiente Trager seguía aferrado a la creencia de que la vida no es meramente una serie de accidentes o coincidencias sin sentido, sino más bien un tapiz de acontecimientos que culminan con un plan exquisito y sublime.
Cuando le preguntaron sobre la pérdida de su amigo, Dean Kansky, ganador de un Premio Pulitzer y director ejecutivo del New York Times, describió a Jonathan como un hombre nuevo en los últimos días de su vida. Veía las cosas más claras, observó Kansky.
Al final, Jonathan concluyó que para poder vivir en armonía con el universo, todos debemos poseer una poderosa fe en lo que los antiguos llamaban fatum, lo que comúnmente calificamos como destino». Seguir leyendo “EL LADO BUENO DE LAS COSAS”

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